Mi primera lectura de ciencia-ficción

Tengo un recuerdo relativamente claro de mis primeras andanzas como lector. El primer libro que recuerdo era de Los Picapiedra (aún lo conservo). Después llegaron un atlas y “De grumete a almirante” de Frederick Marryat… Y muchos más, claro… Sin embargo, no tengo tan claro cuál fue la primera obra relacionada con la ciencia-ficción que leí. Así que, tras algo de arqueología en una reciente visita al hogar ancestral, me he encontrado con una posibilidad muy cierta de ser mi primera lectura de ciencia-ficción: “El ratón Miguelito y su nave interplanetaria”.

Esta entrada esta dedicada con todo cariño a mi tío, Eusebio Álvarez Gordillo. Espero que, al final, llegara a la Luna en su nave espacial.

Se trata de un libro infantil, claro. ¿Acaso empezaste leyendo a Philip K. Dick? Ni siquiera es mío: perteneció a mi tío Eusebio (cuyo nombre llevo) y es uno de los pocos libros que había en mi casa antes de que comenzara a comprarlos yo. Así que lo he rescatado, he hecho algo de investigación en la red y, finalmente, lo he traído al siglo XXI, en parte como homenaje a mi tío y en parte como ejercicio de nostalgia…

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La colección original

Little Golden Books es el nombre de una de las colecciones más importantes de libros infantiles de los Estados Unidos. Su historia se remonta a 1942, cuando nacieron de la mano de Simon & Schuster. Tras cambiar varias veces de manos, la colección llega hasta nuestros días, en que es propiedad de Random House. Entre sus activos, el libro infantil más vendido de la historia norteamericana: The Poky Little Puppy, del que se han vendido 15 millones de ejemplares. Los libros de Pocoyo, por ejemplo, se editan dentro de esta colección.

La colección abarcaba (y abarca) numerosos temas: cuentos, fábulas, adaptaciones de clásicos, temas religiosos, divulgación de la naturaleza… Y también se especializó desde muy pronto en explotar los personajes que hacían las delicias de los niños en otros medios. Primero el cine y luego la televisión. Los personajes de Disney estuvieron entre los primeros en pasar a formar parte de los Golden Books.

Miguelito lee el periódico
“Escucha esto”, dijo el Ratón Miguelito después de leer el diario de la tarde. “¡Un Gran Concurso!¡Premio de Cincuenta mil pesos para la persona que logre hacer un Viaje de Ida y Vuelta a la Luna!”

Los autores

Mickey Mouse and His Space Ship se publicó en 1952. Fue escrito por Jane Werner Watson (1915-2004), una autora especializada en libros infantiles cuya producción se centró en los años 50. No dejó excesiva huella, dados los magros resultados que se encuentran en la red. En GoodReads hay una relación de algunas de sus obras. Hizo muchas de tema religioso, pero también sobre elfos y magia. Al parecer, también actuó como editora de muchos “Little Golden Books” (aparece reseñada como tal en la entrada Eloise Wilkin, en Wikipedia).

La obra más conocida de Werner es The Golden Treasury of Elves and Fairie, aunque sea principalmente por sus ilustraciones, de la mano de Garth Williams. Me parece curioso que en los 80 escribiera una novela de ciencia-ficción para “jovenes adultos” (The Case of the Vanishing SpaceShip).

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“En unos momentos, había logrado abrir las puertas. En otros cuantos segundos estaba empujando la preciosa nave interplanetaria”

Algo más complejo es encontrar a los responsables de las ilustraciones. En el libro se especifica “Dibujos por los estudios de Walt Disney”, con un “adaptado por Milton Banta y John Ushler” a continuación. En otras referencias, ambos aparecen como ilustradores. Banta solo aparece citado en un segundo Litttle Golden Book (Mickey Mouse and Pluto Pup). Más suerte tenemos con John Ushler. Ushler era ilustrador de plantilla de la Western (que poseía los Golden Books en esta época), dónde se especializó en los dibujos para Disney. En 1962, se convertiría en miembro del Disney Comic Strip Department, donde dibujó tiras diarias (strips) como Scamp, Bo Bummel, Roy Rogers y Pier 19 y dominicales (sundays) como Disney’s Treasury of Classic Tales y Uncle Remus (personaje de la controvertida “Canción del Sur“).

La traducción

Cualquiera que haya leído cómics antes de los 80 conoce a la Editorial Novaro, el titan hispano de los tebeos, que desde México se encargó de traducir y publicar para los no angloparlantes a los superhéroes de la DC, entre otros muchos. Tuvo una sede en Barcelona, desde donde se crearon muchos de los tebeos que se distribuyeron por todo el mundo. Las traducciones de Novaro siguen las recomendaciones de la Secretaría de Educación Pública mexicana que, entre otras cosas, recomendaban evitar nombres y referencias inglesas: de ahí que la mayoría de los personajes y lugares tuvieran nombres “españolizados” (Bruno Díaz por Bruce Wayne, Villachica por Smallville…)

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Lo cierto es que el único sitio que he visto versiones hispanizadas de los personajes de Disney es en El ratón Miguelito y su nave interplanetaria. Aquí, Mickey es Miguelito, Donald es Pascual, Goofy es Tribilín, Daisy es Rosita, Minnie es Mimi y Pete Pata Palo es Pedro Pata de Palo. Del traductor, George Godoy, no he podido encontrar más que referencias a diversas traducciones de libros infantiles para Novaro.

No está claro cuándo se publicó la versión en español, pero debió ser en la década de los 50. En España, Novaro publicitaba sus colecciones en ABC en 1963. La referencia más temprana que he encontrado es en un  documento llamado “Las publicaciones mexicanas para niños“, del año 1960. Para su autora (Catedrática de la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas, nada menos), “la traducción está mal hecha”, pero “las ilustraciones son buenas”. Coincido básicamente con ella.

La historia

¡Ah, la historia! Bueno, es un cuento infantil y como es natural, su argumento es extremadamente sencillo: Mickey y Donald (Miguelito y Pascual) construyen una nave espacial para ganar un premio de 50.000 pesos al primero que visite la Luna. Pete Pata Palo se cruza en su camino y les roba la nave… Debo haberla leído siendo muy niño ya que recuerdo perfectamente tanto el argumento como los dibujos que, a mi parecer, son bastante buenos.

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“Haciendo oscilar su destornillador desprendió un trozo de roca de la luna”

En la entrada he colocado algunas de mis ilustraciones favoritas… Pero también he preparado una edición “facsímil” del libro. He retocado la portada para arreglar los daños del tiempo y he intentado eliminar los trazos de colores que alguna mano infantil (que no descarto fuera mía) hizo sobre las diversas páginas. Hay alguna distorsión, pero no quiero dañar más el libro. He usado el formato CBR para empaquetar los escaneados, porque me parece que es el menos intrusivo y más universal. Cualquier lector de cómics puede abrirlo.

Pulsa en la imagen y acompaña a Miguelito, Pascual y a sus amigos en una aventura que nos lleva, nada más y nada menos, ¡¡hasta la Luna!!

Portada de El Raton Miguelito y su nave espacial
Portada “restaurada” de “El Raton Miguelito y su nave espacial”
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Los Jardines de la Luna y las segundas oportunidades

Hacía tiempo que no me empeñaba tanto en terminar un libro: por lo general, si no me engancha, suelo dejarlo y punto. Pero había empezado “Los Jardines de la Luna” de Steven Erikson con cierta ilusión, deseando encontrar un paliativo a la falta de más “Canción de Hielo y Fuego”, y no me quería rendir a la primera. Ahora, me queda la duda… ¿merece la pena darle una segunda oportunidad a una saga de 10 libros?

Los jardines de la luna
Cubierta de Los jardines de la luna

¡Diez libros! Mucho material, sin duda… Suficiente para dibujar un universo secundario realmente rico y detallado. Y además, es un universo compartido con, de momento, otro autor (Ian Cameron Esslemont). Claro que ya el mismo autor te desanima un poco al decirte en la introducción que “no esperes una novela fácil”, así que cuando se te viene encima una avalancha de héroes, sitios, cargos, razas, épocas y sendas brujeriles, al menos vas avisado.

Bueno, piensas, será que he leído poco. He oído que el final es impresionante, así que sigues con ello… Erikson es un talibán del flash-back y te cuenta la historia de la manera que sea excepto de principio a fin: ya es decepcionante que te cuente los resultados de la batalla en lugar de la batalla, pero que te cuente los preliminares unas páginas después, resulta un pelín molesto.

Es cierto que hay ideas buenas. El uso de la magia es, en general, bastante bueno, especialmente en su aspecto castrense y el apartado “religioso” (el plano de “los Ascendidos”), es prometedor. El mundo es GRANDE, aunque mantiene una sensación constante de batiburrillo: casi hasta el final fui incapaz de ubicarme en el mapa de la historia. Los personajes son planos e intercambiables entre sí, con honrosas excepciones.

(Una cuestión muy personal: me costó mucho ajustarme a los nombres, que son horrorosos  — ¿”Unta”? ¿”Paran”? — y no transmiten la sensación de pertenecer a una cultura común  — ¿Qué civilización como mandan los dioses tiene una ciudad llamada Darujhistan al lado de otra llamada Pale?–. Creo que este tipo de detalles son relevantes en la construcción de un mundo secundario y este libro no anda bien este camino).

El prometido final no es tan excepcional como sería de esperar, pero lo cierto es que llegué a él, eso sí, tras pasar de la versión en inglés a la versión en español. Mas que nada para descartar el idioma como origen de mi sensación de pérdida.

Encuentro tantos defensores de la Saga que, creo, voy a darle una oportunidad a la segunda novela (“Las puertas de la muerte”), al menos en tanto que Martin no se decida a publicar algo nuevo…

Phra El Fenicio y el formato EPub

La primera vez que oí hablar de Phra El Fenicio fue gracias a mi amigo Mario Moreno Cortina. Se había decidido a crear Forminge, una pequeña editorial para sacar títulos para frikis (sin paños calientes!!) y me sugirió que lo tradujera al romance. Creo no haberme comprometido a nada y si lo hice, desde aquí le pido todas las disculpas del mundo, porque no llegué a hacer nada… Recientemente, sin embargo, me encontré por casualidad una referencia en la página oficial de Philip Jose Farmer y me picó de nuevo el gusanillo… Desgraciadamente, no conseguí encontrar un buen ePub para leer la novela, así que decidí fabricarme el mio propio…

“The Wonderful Adventures of Phra The Phoenician” es la primera obra de ficción del escritor Edwin L. Arnold. Arnold fue un escritor inglés, que no debe ser confundido con su padre, Sir Edwin Arnold, poeta empeñado en la difusión del budismo y la cultura oriental en occidente, y periodista del Daily Telegraph, desde el que organizó la expedición de Stanley a las fuentes del Nilo. La novela apareció serializada en 24 partes en el Illustrated London News. Cada capítulo incluía una ilustración a toda página. Todo un lujo. Ventajas de tener un papi importante en el ramo, suponemos… En todo caso, la novela tuvo el suficiente éxito para que se re-imprimiera en formato libro en Gran Bretaña y, después, los Estados Unidos hasta 1944.

La historia de Phra comienza como mercader fenicio, que se enamora de una esclava a la que ha liberado, Blodwen. Por amor a la chica, con la que luego se casará y tendrá un hijo, se une a la alianza de tribus bretonas que se opone a la invasión de Julio César de lo que luego será Inglaterra y que es finalmente derrotada. Phra es capturado, pero escapa tras ser interrogado por el mismo César. Sin embargo, los bretones le toman por un espía romano y lo sacrifican en un altar druídico, tan solo para despertar 400 años después.

Este es el comienzo de una serie de “resurrecciones” inexplicables, seguidas por los avatares de una vida y la consiguiente muerte de Phra. Pasa en la Inglaterra romanizada del siglo V, en la batalla de Hastings, como caballero medieval y finalmente, en el siglo XVI, que es cuándo escribe sus memorias que, supuestamente, son encontradas por Arnold… En ERBZine hay una cronología bastante completa de los avatares del fenicio a lo largo de la historia.

Arnold, que hasta ese momento se había dedicado a escribir libros de viajes y ornitología, se animó mucho con el éxito de Phra (que no debió ser poco, ya que hasta le piratearon una edición en libro!!) y escribió varias novelas más a lo largo de la siguiente década:

Esta última es su obra más conocida, bajo el nombre de “Gulliver of Mars”, que es como la rescató Ace Books en 1964. Y eso que, a causa de su tibia recepción, también fue la causa que le motivó a abandonar su carrera como novelista.  En la novela, Gullivar es un oficial sudista que llega a Marte gracias a una alfombra mágica (de verdad, una alfombra mágica). Allí, se enamora de una princesa marciana y corre numerosas aventuras hasta que regresa a la Tierrra (en la mencionada alfombra). Si el argumento os suena es porque, sin saberlo, estáis cerca de la  amplia corriente crítica que asegura que Gullivar Jones es un claro antecedente de John Carter de Marte, la segunda creación más conocida de Edgar Rice Burroughs.

Sin embargo, hay notables diferencias entre ambos personajes…. Gullivar es menos heroico que Carter y tiene menos suerte que este en conseguir a la chica. Seguramente esto tuvo mucho que ver en la falta de éxito de la novela. Por eso, la misma corriente crítica (iniciada en la biografía “Master of Adventure: The Worlds of Edgar Rice Burroughs” de Richard A. Lupoff) enlaza al héroe de Burroughs más con el mencionado Phra. Es decir, Lupoff sugiere que Burroughs se inspiró en ambas obras de Arnold para hibridarlas en su primera obra, “Una princesa de Marte”, que se extendería durante diez secuelas, a lo largo de medio siglo y dio nacimiento al género del “Romance planetario” o “Espada y planeta”.

La teoría de la influencia “arnoldiana” sobre Burroughs llega hasta tal punto, que en el magnifico “Universo Wold Newton”, John Carter es Phra el Fenicio… (en un futuro post trataremos de este Universo Wold Newton).

En definitiva, estas dos obras parecen ser esenciales para cualquiera que quiera rastrear los orígenes últimos de Barsoom o conocer las fuentes de inspiración de Burroughs. En general, el resto de la humanidad puede pasar bastante bien sin ellas, debido al hecho evidente a cualquiera que intente leerlas de que son obras victorianas, NO obras “pulp”. Es decir, que donde un autor pulp pone el acento en la acción relativamente irreflexiva, Arnold prefiere la descripción pausada. Esto lleva a poner muchas más palabras de las estrictamente necesarias para el relato. Si a ello añadimos un cierto interés por la ironía social (a lo H.G. Wells; la  influencia de “Time Machine”, de 1895, es fácilmente rastreable en “Gulliver of Mars”) y el confesado deseo de hacer “literatura de calidad”, nos lleva a tener una serie de novelas… tirando a pesadas de leer.

En realidad, ambas novelas contienen ideas interesantes, pero su desarrollo suele ser algo fallido para el gusto contemporáneo. Gulliver de Marte, en particular, incluye interesantes descripciones de Marte y su moribunda sociedad dividida en dos facciones y una curiosa mezcla entre la ciencia-ficción y la fantasía. De hecho, podríamos situarla como la obra que marca la transición entre lo victoriano y lo pulp, del que sería maestro Burroughs, tal y como se comenta en la introducción que encontramos en  The Nostalgia League‘s.

Buscando desesperadamente a Phra…

Bien. Como esforzado interesado en la cultura pulp, decido lanzarme a la aventura de releer ambas novelas (leer en el caso de Phra)…. Naturalmente, en formato digital (como Arnold murió en 1935, el texto de las novelas deberían estar libres de derechos en inglés… aunque eso podría ser objeto de otro post). “Gulliver of Mars” es relativamente fácil de encontrar. En el enlace de The Nostalgia League’s encontraréis el acceso a una buena versión en PDF y hay un e-pub en Project Gutenberg.

Sin embargo, Phra, ¡Ah, Phra no tiene una encarnación en ePub! Bueno, sí que la tiene, en varios sitios, pero todas llevan a la misma edición: http://www.archive.org/details/wonderfuladventu00arnouoft, en la “Internet Library”, que es una loable iniciativa para generar una biblioteca universal en Internet (más detalles aquí). El archivo de marras contiene un escaneado con OCR tirando a basto de una edición de la obra de 1880 en Nueva York por A.L.Burt, que incluía una introducción de Arnold, padre de Arnold. Este parece ser el origen de prácticamente todas las versiones digitales en la red… Y está MUY mal: con montones de artefactos del OCR, errores enormes en las líneas finales / iniciales de cada página, restos de encabezados y pies… En definitiva, es completamente ilegible.

No me resigné y me dedique a limpiar el texto, partiendo del ePub mencionado y con ayuda del PDF que lo acompaña. Separé los capítulos e incluí cabeceras para generar un TOC, eliminé todos los restos de pies y cabeceras, arreglando la mayoría de los inicios y finales de páginas…. El documento resultante es mi propia edición de Phra. Está en el punto en que hay que empezar a leerlo e iniciar la trabajosa, engorrosa y aburrida tarea de corregir los problemas con las “i”, las comillas, las exclamaciones…

Cual no sería mi sorpresa al encontrar en el ERBZine (la fuente de todo pulpmaniaco una segunda versión en HTML, corregida a medias (exactamente a la mitad, hasta el capítulo 12):  http://www.erbzine.com/mag11/1125.html. Proviene de una edición distinta, también norteamericana (NEW YORK: THE F. H. LUPTON PUBLISHING COMPANY, 1891). Tras comparar los primeros capítulos, me quedó claro que tenía mucho adelantado, ya que ambos textos son idénticos (hasta donde puedo asegurarlo). Así que he copiado el texto corregido de esos 12 capítulos, he arreglado el (deplorable) código HTML que lo sostenía y he generado una segunda y mejorada versión del EPub, que es la que recomiendo leer. Yo intentaré, con paciencia, corregir los errores de la segunda parte.

Después habría que traducirlo, claro… Pero esa sí que es otra historia…

Kindle colgado y el pánico de un lector digital

Esta mañana se me “colgó” mi Kindle 2. Se quedó en una página y no respondía a ninguna pulsación (página adelante, atrás, home, setup). El pánico me embargó. Acudí a Google y empecé a buscar foros. Encontré la habitual y contradictoria información de estos casos. Tras un par de horas de deseperación, finalmente, solucione mi problema. Como no hay mucha información en castellano al respecto, he pensado preparar este texto por si a alguien le resulta de utilidad, sobre todo ahora que Kindle se vende “oficialmente” en España.

El Kindle del que hablamos
El Kindle del que hablamos

¿De qué aparato hablamos? Este post va sobre un Kindle 2 o Kindle Keyboard 3G (en el momento de escribir estas líneas: Kindle Keyboard 3G, Free 3G + Wi-Fi, 6″ E Ink Display) , comprado en diciembre de 2010 y equipado con la funda de piel con luz incluida de Amazón ( Kindle Lighted Leather Cover).

¿Qué pasó? Estaba leyendo, con la luz integrada encendida. Aparece el mensaje de que la batería se está agotando, cosa que no me suele ocurrir, ya que a menudo lo engancho al portatil. Conecto el adaptador a un enchufe con adaptador USB. Sigo leyendo un rato hasta hasta que en un momento dado, el teclado deja de responder por completo: no puedo pasar de página, volver a la home o suspender el aparato.

¿Donde consigo la información? En la fuente de todo el conocimiento: Google. Allí, llegué a un foro muy bueno, Kindle Boards, además de los Foros Oficiales de Amazón. También acudí a la documentación que viene con el aparato, aunque con poco éxito.

¿Cómo soluciono el problema? La principal conclusión que obtuve de la lectura de los mencionados foros es que los Kindle se cuelgan. Por decenas de motivos (conectarse a una wi-fi, no apagarlos durante semanas, usarlos después de tenerlos apagados durante semanas…). A pesar de tenerlo durante un año sin problemas, se cuelgan. Qué se le va a hacer. Preparémonos para ello.

La solución pasa por resetear el aparato. El antiguo Kindle 1 incluía un agujerito para meter un clip y hacer el reseteo. Lo menciono porque me pase un rato buscando el agujerito de marras… En el Kindle 2, el reseteo se hace deslizando y manteniendo deslizado el “switch” de encendido (el botón de abajo, que se desliza para bloquear el aparato y aparezca el salvapantallas) durante un rato.

Tras mi experiencia, el proceso que aconsejaría es el siguiente:

  1. Asegurate de que el aparato esté cargado, enganchándolo al USB de un ordenador. En mi caso, esto NO me permitía acceder al aparato, lo que indica el nivel de “cuelgue” del mismo. La luz naranja del “switch” se encendía en mi caso.
  2. Si es posible navegar por el menu y resetearlo via software, hazlo antes de hacer un reseteo “duro” (el que aquí explicamos). Hay circunstancias que impiden el uso normal del kindle, pero sí te permiten realizar el reset “blando”. Se hace en Home > Menu > Settings > Menu > Restart / Reset to Factory Default. Usa primero la opción “Restart” y, si eso no funciona, la opción “Reset to Factory Default”.
  3. Si no puedes navegar por el Kindle (mi caso), desliza el “switch” y mantenlo deslizado / pulsado. El tiempo varía según los foros entre los 20 segundos y los 5 minutos. Yo lo mantuve 2 minutos, aunque creo que con 30 seg. hubieran bastado. Lo tenía conectado al ordenador y vi que aproximadamente a los 30 seg. parpadeo el cursor, como cuando detecta un aparato en el USB. Es importante subrayar que el estado del Kindle no cambió en nada tras esos minutos: la pantalla seguía sin cambiar, no respondían las teclas, no se veía desde el ordenador.
  4. Hay ciertas dudas sobre si hay que pulsar el switch (hacer el reset) con el Kindle conectado o sin conectar. Yo lo hice estando conectado.
  5. Deja el Kindle tranquilo y date una vuelta: la tecnología es tímida y no se resetea si hay alguien mirando. Al cabo de un rato, regresa y verás como el sistema ha vuelto a la normalidad. Es MUY importante que dejes un rato el aparato… Lo normal es pensar que el método ha fallado y volver ha intentar el reseteo: no lo hagas hasta pasado un buen rato. El sistema tarda en responder al reseteo.

Para aquellos usuarios que tengáis la funda con luz. Esta funda tiene muy mala fama. He visto que se le acusa de cortocircuitar el aparato, de colgarlo… Lo primero que te dicen los del servicio técnico es que la quites. Yo también lo hice… pero para eso tuve que consultar esta página, porque no sabía cómo hacerlo y en las instrucciones NO viene como quitarla. En resumen, el procedimiento es el siguiente:

  1. Coloca el Kindle en una superficie plana y abre la cubierta
  2. Busca los dos ganchos en la parte izquierda, que unen el aparato a la cubierta
  3. Desliza el gancho superior hacia abajo, hacia la parte inferior del aparato. Solo se moverá medio centímetro.
  4. Manteniendo el gancho bajado, rota el Kindle sobre el gancho inferior. El aparato pivotará y se soltará del gancho de arriba. Continua el giro y se soltará por completo de la cubierta.

Una vez reseteado el Kindle, volví a colocarle la cubierta, ya que para mi es tremendamente útil. De momento, todo va bien. Seguiremos informando.

Vértice, los extraños héroes de IPC y los lectores de cómic digital

Si de algo he sido coleccionista, es de cómics. No puedo soportar una colección incompleta. Me inquieta. Me desvela. Por eso me gustan tanto los gruesos volúmenes que son el formato preferido del mercado en este siglo. De un tiempo a esta parte, me estoy planteando la posibilidad de pasarme al  cómic digital, cuyo stock infinito asegura la plenitud de toda colección…  El problema es que aún no sé si me gustan los cómics en formato digital.

Durante los años de mi preadolescencia, una de mis grandes obsesiones la constituyeron los cómics de super-heroes que editaba Vértice, con ese emocionante “Revista para adultos” estampado en la portada, ese magnífico color restringido a las portadas de Lopez Espí y nombres tan evocadores como “La Patrulla X”, “La Masa” o “Dan Defensor”.

Cubierta de la Patrulla X de Vertice V.3 Numero 4
Cubierta de la Patrulla X de Vertice V.3 Numero 4

Alguien (no recuerdo quién) me había regalado varios ejemplares de “Antología del Cómic”, una serie Vértice que mezclaba historias completas de todo tipo de estilos y orígenes: Conan (recuerdo perfectamente la imagen de Conan mordiendo el cuello de un buitre. colgado en la cruz, en “Nacerá una bruja”), Shang-chi, El hombre de bronce, Spiderman… A raíz de dicho regalo, empecé a fijarme en la sección de “tebeos” de mi librería habitual, a la que hasta ese momento no había prestado excesiva atención. En algún momento, compré el Nº 4 de la Patrulla X (Volumen 3), titulado “Unus El Intocable”, que siempre consideré mi primer cómic de super-héroes. Todavía lo tengo y ocupa el principio de los casi tres metros de estantería de comic-books sobre mutantes que conservo en mi trastero…

La magnífica Tebeosfera resume la aportación de Vértice al cómic en nuestro país con un contundente:

Sello editorial fundado por J. Torrá y Mas en 1964, antes distribuidor y que siguió realizando esa labor bajo el nuevo sello editorial, bajo el cual editó obras servidas por agencia, procedentes del sello británico IPC o de los estadounidenses Marvel y DC, hasta 1981. Se caracterizó por el absoluto desprecio por la obra original, demostrado al remontar y rescribir historietas sin el conocimiento de sus autores y de forma caótica.

Es cierto. Ahora lo sé. Pero entonces… ¡Aquello sí que eran cómics y no los de Mortalelo!

Lamentablemente, en los años 70, seguir una colección de cómics en una pequeña ciudad de la España profunda (y toda España era muy profunda por entonces) no era tarea fácil. Recuerdo esperar con ilusión durante semanas el siguiente ejemplar, solo  para  comprobar que, una vez más, me habían saltado uno o dos números y que ya nunca más podría saber el final de tal o cual historia.

Empecé a dedicar buena parte del dinero de mi paga a intentar obtener más dosis de “acción en blanco y negro” y, sobre todo, a completar los enormes huecos en la numeración, solicitando números atrasados, rebuscando en puestos de feria y otros recursos igual de inefectivos.  Y así sigo hoy día.  Lo cierto es que  he conseguido completar casi todas las historias que el azar de una distribución nefasta me había arrebatado en la infancia….

En otro momento hablaré de mis dos décadas de lector de mutantes Marvel cuyo comienzo he contado. Ahora, prefiero centrarme en las excepciones a mis ansias completadoras, a ese “casi”, que está compuesto fundamentalmente por las colecciones de  personajes IPC. ¿Qué a quiénes me refiero? Pues a personajes con nombres tan extraños como Mytek, Zarpa de Acero, Spider (no el que pensais), Dollman… Un conjunto de comics que, claramente, no casaba con el resto, con los de Marvel…

Todos ellos son comics de la editiorial IPC / Fleetway, británicos, para más señas, aunque con cierta intervención española. Son los primeros comics que editó Vértice, de hecho. Y son realmente raros. La palabra “bizarro” parece que se inventó para ellos: un tipo que al recibir una descarga eléctrica se hace invisible, excepto por su metálica Zarpa, un robot gigante con forma de mono, un ladrón egocéntrico con orejas a lo Spock… Todo tenebroso y oscuro, en un blanco y negro que se nota original, no como en el caso de las creaciones de Stan Lee, con unos guiones extraños, en los que los héroes eran malos, solitarios, misántropos.

Para los interesados en más detalles, que escapan a este modesto post, os remito al magnífico artículo de Daniel Fernandez en Tebeosfera.

Zarpa de Acero
Zarpa de Acero

Lo cierto es que no me había acordado de ellos hasta recientemente, cuando Planeta DeAgostini sacó el número 1 de “Zarpa de acero“. Lo compré con la ilusión del que se re-encuentra con un viejo amigo. Como nunca llegué a leer los primeros números de la colección, tuve esa sensación de plenitud (“Así que era por eso…”). Y luego salió el 2, el 3…

Sin embargo, seguía con la intriga de saber qué pasó con Mytek el Poderoso, el impresionante robot gigante simioforme y sus ansias destructoras en manos del malvado Gogra o con el presunto amo del crimen Spider… Así que, motivado por ese afán completista que comenté, me lancé a buscar “ediciones digitales” en Internet (y las encontré, claro).

Ahora solo tenía que leerlas.

De vuelta al mundo digital

Soy un convencido del formato digital para los libros y me hace gracia la típica objeción del no creyente: “es que donde esté el tacto del papel…”: paseáte tú por el Metro de Madrid con las 1,000 páginas, más tapa dura, de “A Dance With Dragons” y ya me diras el tacto que has disfrutado…

Pero los comics…

Lo primero que hice fue bajarme los lectores mas habituales para Windows (Comical y cDisplay). Ambos son muy sencillos. Como sabréis, la mayoría de los formatos de comic digital (CBR, CBZ) son tan solo archivos zip o rar renombrados, que contienen archivos gráficos en secuencia alfabética. Es decir,  estos lectores se limitan a representar dichos archivos gráficos en la pantalla y a configuraciones muy básicas (nivel de zoom, orden de visionado, para el manga, visionado de uno o dos archivos).

La experiencia de visionado con estos lectores es, a mi parecer, deficiente. Me pareció especialmente malo el control (más bien la falta de él) mediante ratón. Si alguna ventaja tiene el visionado de comics en ordenador, esa es la posibilidad de utilizar el ratón y, en especial, la rueda… En todo caso, son tan sencillos que cumplen su misión. Especialmente, Comical, que sería la opción con la que me quedaría de no ser por el tercer software que usé: Comic Rack.

Comic Rack es, además de un lector, un gestor de biblioteca. Tiene un problema clarísimo y es que al principio es confuso, pero como lector de comics para ordenadores, no tiene parangon.

Por un lado, incluye un completísimo control de la navegación mediante la rueda del ratón, que permite una enorme fluidez de la visualización. Por otro lado, almacena la configuraciones en “áreas de trabajo”, con lo que puedes guardar las múltiples opciones que ofrece: ajuste de la página (ancho, alto, una o dos páginas), zoom por defecto, ajuste automático de zoom (la página se ajusta a lo configurado y luego hace zoom) desplazamiento automático (más útil para control con teclado), transiciones entre páginas, fondos…

Pantalla de lectura de Comic Rack, mostrando una página del número 1 de Mytek
Pantalla de lectura de Comic Rack, mostrando una página del número 1 de Mytek

Es gratis, aunque cada vez que lo lanzas te recuerda que es bueno ser agradecido y hacer una donación al autor. Lo cierto es que el trabajo lo merece…

Otros medios

El otro aparato de lectura digital que tengo es el Kindle. En este, los problemas que me encuentro son varios. El primero, el color. Representa grises, pero no color. El segundo, el tamaño. Son solo 6 pulgadas de diagonal. El tercero, el nefasto control del formato mobi para ampliar gráficos… Y no hay soporte para CBR u otros formatos.

Esto último me condena al uso del PDF (siempre me ha caido antipático el formato PDF). Por suerte, el mencionado Comic Rack incluye un conversor, lo que me facilita la creación de mis flamantes comics para eBook, que transporto a Calibre y de ahí al lector.

El caso es que la experiencia sigue sin ser ideal: hay viñetas que no caben, sea cual sea el porcentaje de ampliación que coloques (al 100% no soy capaz de leerlos, qué se le va a hacer: cosas de la edad), el flujo de lectura es raro (izquierda – derecha – vuelta a la izquierda – abajo – derecha, página siguente). Curiosamente, el formato del volumen 1 de Vertice (con su media de 2 x 2 viñetas) se adapta bastante mejor al Kindle que el habitual 3 x 3 o mayores…

Algunas conclusiones

El principal problema que encuento en los cómics digitales es la dificultad de mantener la página como unidad narrativa, no hablemos ya de la doble página, o de seguir el discurso interno entre viñetas, especialmente cuando se rompe el orden de lectura tradicional (izquierda-derecha, arriba-abajo).

En esto me veo condicionado por el artilugio de lectura que utilizo: mi ordenador portatil. Aún no me he sentido impelido a la compra de un tablet, sea propulsado mediante manzanas o mediante androides. Mi portatil es apaisado, como todos, por lo que “no me cabe” la habitual página vertical de un comic. Eso implica visualizar el comic en zoom, viendo la mitad superior, pero no la inferior. En general, primero veo la página completa, para luego pasar al mencionado zoom…

Debido a ello, el control del ratón es tan importante en la experiencia de visionado de comics. Al menos para mi.

Lo cierto es que para cómics que distribuyen la página en viñetas tradicionales (como Zarpa de Acero, Mytek o Tintín) no hay excesivos problemas; si la obra utiliza el espacio de forma algo más creativa (pongamos, “El Velatorio”, de  Sandman, que es el que utilicé en la prueba)… Uf!

De momento, el papel es aún el mejor soporte para el cómic, aunque creo que podría acostumbrarme a la lectura en pantalla gracias a Comic Rack… En cuando disponga de un tablet, completaré el post.