Mi timeline de videojuegos

Los videojuegos nacieron cuando yo llegaba a la adolescencia, por lo que tengo una intensa relación con ellos, con los altibajos propios de toda relación. Así, tengo un lapso de casi una década (que coincide con la segunda generación de videoconsolas) y una inmersión de casi dos años en el mundo paralelo de Azeroth… Creo que constituyen  una herramienta narrativa sin igual y el próximo “arte” que se incorporará al siempre creciente panteón de las musas. Así que, a raíz de un comentario que le hice a mi hijo, aquí dejo lo que sería mi “timeline” con aquellos videojuegos que me han dejado un recuerdo perdurable…

  • Años 70: “Si subes la palanquita, la raya de la tele sube; si la bajas, baja” (Sí, yo he jugado al Pong cuando nadie conocía la palabra “joystick”…)
  • c. 1979: ¡La cola ante la primera máquina de Invaders se sale de los billares! (que es como llamábamos a las salas de videojuegos antes de ser salas de videojuegos)
  • Y , ¿qué rayos significará “Game Over”? 
  • 1979: Pulsé y pulsé el botón que propulsaba el  Lunar Lander, incluso con el combustible agotado,  mientras contemplaba  con tristeza como caía lentamente hacia su inevitable destino…
  • 1980: Las explosiones del Missile Command me provocan chirivitas en los ojos.
  • 1980: Si pasas un imán por la pantalla del Galaxians del bar de mi padre, se ven colores preciosos (hasta que se rompía, claro; menos mal q nunca me pilló).
  • 198o: Hagas lo que hagas, al final la nave del Asteroids se descontrola…
  • 1981: ¡Cómo odiaba los pajarracos del Phoenix, siempre moviéndose de un lado a otro de la pantalla! Especialmente, cuando soltaban aquel huevo…
  • 1982: Al final, logré hacer la primera pantalla del Pacman (casi) sin mirar
  • 1982: ¡Vaya callo me salió jugando al Crazy Climber con mi amigo Jose Miguel!
  • 1982: Recuerdo perfectamente los sonidos del Defender en la penumbra del bar (es curioso: cada una de las máquinas las tengo perfectamente asociadas a un bar; de hecho, conocíamos los bares en función de la máquina que tenían…)
  • 1982: ¡Masacre de anfibios en el Frogger!
  • 1984: Cuando conduzco, muchas veces echo de menos el botón de la mancha de aceite del Spy Hunter. O quizá el láser delantero…
  • 1985: Recuerdo lo que me costó aprender a  calcular la altura en la primitiva tridimensionalidad del Zaxxon con la ayuda de la sombra.
  • 1985: Lamentablemente, con el Tetris descubrí que ya no me gustaban tanto las máquinas de videojuegos de los bares…
  • 1986: Era espantoso esperar horas de pitidos hasta que se cargaba el Ghost ‘n Goblins en mi Commodore 64…
  • 1987: ¡Ah, ese frio metal en tu mano, ese tacto en tu cara, al empuñar la ametralladora de  Operation: Wolf…!
  • 1987: Con La Abadía del Crimen, soñé que en España también se iban a poder hacer videojuegos (y vivir de ellos).
  • 1987: Yo aprendi inglés intentando ayudar a Larry in the Land of Lounge Lizards.
  • 1988: Defender of the crown me lleva al siguiente nivel de juego y gráficos…
  • 1989: Me fascinó la mezcla de animación y videojuego en  Dragon`s Lair (recuerdo haber seguido la carrera de Don Bluth, responsable de la animación, a partir de su participación en este juego y hasta  “Titan A.E.”).
  • 1989: En algún momento entre esta fecha y 1999, jugué a Flight Simulator, tanto en alguna de las versiones MS-DOS como en las de Windows 95… Pero nunca me gustó realmente…
  • 1990: No podía evitarlo: cuando Indy hablaba con un nazi, siempre escogía la opción de “Estoy vendiendo cazadoras” en Indiana Jones y la Última Cruzada. 
  • 1990: Aún me estremezco cada vez que recuerdo el ruido que hacía el Príncipe de Persia cuando terminaba ensartado en los pinchos del suelo, o cortado por la mitad por una guillotina…
  • 1990: Cuando me llaman al móvil, aún suena la música de Monkey Island. Siempre ha sido mi aventura gráfica favorita.
SCUMM en móviles y tablets
Hace poco me instalé la máquina virtual de SCYMM en mi tablet Android. Monkey Island never dies!!
  • 1990: Me daba mucha rabia que se fueran los sims de mi SimCity. Y eso que aprovechaba cada esquina para plantar un parquecito…
  • 1990: Wing Commander me transporta a un universo de enorme riqueza y a una historia increible, perdieras o ganaras…
  • 1990: Populus me hizo sentirme como dios (en el más divino sentido del término)
  • 1990: Me compré el SimEarth, pero, sinceramente, nunca conseguí verle el sentido….
  • 1991: Railroad Tycoon me permitió conocerme el nombre de todas las ciudades del medio oeste americano (¡Des Moines!). Hey, Sid ha actualizado el juego y lo saca de nuevo este año… Más info.
  • 1991: Vuelvo a acompañar a Guybrush Threepwood en Monkey Island 2: LeChuck’s Revenge.
  • 1991: A mi también me daba pena hacer explotar a los Lemmings.
  • 1991: Impresionante Loom,  un delicioso experimento en narrativa sobre videojuegos, realmente adelantado a su tiempo (aunque siempre me pareció excesivamente fácil…)
  • 1991: Tuve que regalar mi copia de Civilization para recuperar mi vida social
  • 1991: Como me gustó revivir Star Wars en la NES… Recuerdo hacer correr a Luke por el sand crawler de los Jawas (Utinni!)
  • 1991: Solo llegamos a comprar dos juegos de la Game Gear: el Columns y el inigualable Sonic.
  • 1992: Titus the Fox, un juego de plataformas francés con unos gráficos que me impresionaron en su tiempo.
  • 1992: Tuve que dibujar un mapa para sacar a Sir Graham del desierto en King Quest VI:Heir Today, Gone Tomorrow.
  • 1992: Con miedo, el detective Carnby abrió la puerta de la mansión Derceto para encontrarse …   Alone in the Dark.
  • 1993: He de reconocer que tuve que pedir ayuda para terminarme “Indiana Jones y las Llaves de Atlantis“, pero es que es que tiene algunas zonas que no veas…
  • 1993: Tengo un vago recuerdo de jugar a Ecco the Dolphin, aunque estoy casi seguro de que no llegué a terminarlo…
  • 1993: El que realmente me gustaba por entonces era el muy básico pero enormemente divertido Prehistorik. Años después volví a jugarlo y me lo pasé tan bien como la primera vez.
  • 1993: Me pasé horas pensando cómo hacer caer el falso vómito del techo en Day of the Tentacle.
  • 1993: Alucino con el primer simulador de vuelo plenamente 3D… y un juego “serio” en el universo de Star Wars: X-Wing.
  • 1993: Moviendo el coco con The Incredible Machine (hay nueva versión en Steam)
  • 1993: Juego a Master of Orion, el abuelo de los juegos 4x (eXplorar, eXpandir, eXplotar y eXterminar; tengo que hacer un glosario para carrozas…)
  • 1994: Mi primer contacto con Warhammer es Space Hulk (recuerdo los sustos cuando aparecía un Genestealer…)
  • 1994: Ah, ese sorprendente Freddy Pharkas , remoto antecesor de Larry en el Salvaje Oeste…
  • 1994: Creo que me encontré con Roger Wilco en el Space Quest IV (aunque no estoy seguro del numeral, sinceramente).
  • 1995: DOOM o el final de la inocencia…
  • 1995: Panzer General nos hace descubrir dolorosamente el concepto de “líneas de suministro”…
  • 1995: Me entero al hacer esta lista que uno de mis juegos favoritos, UFO: Enemy Unknown, está considerado como uno de los mejores de todos los tiempos…
  • 1996: Hasta yo he jugado a Pokemon en una Game Boy.
  • 1996: Disparando a todo lo que se mueve con Duke Nukem
  • 1997: Recaigo en el vicio y juego a Civilization II
  • 1997: Acompaño a Lara Croft en sus aventuras en  Tomb Raider II
  • 1997: Estrenamos la PlayStation con Crash Bandicoot (como todo el mundo, ¿no?)
  • 1997: Oddworld: Abe’s Oddysee es el primer juego de PlayStation que realmente me gusta…
  • 1997: Una vez más, regreso a Monkey Island
  • 1998: Me terminé de un tirón  la que sin duda es la mejor aventura gráfica de la historia, Grim Fandango. También es la última a la que he jugado (de momento…)
  • 1998: Por fin un juego de naves que me gusta: el muy “arcade” Star Wars: Rogue Squadron.
  • 1999: Crazy Taxi me devuelve momentáneamente a las salas de recreativas…
  • 1999: … Y Sid Meier’s Alpha Centauri me devuelve a los tiempos gloriosos del Civ. Aún recuerdo los sonidos del juego. Hace unos años intente encontrar la expansión (Alien Crossfire), sin suerte…
  • 1999: La mezcla de estrategia y táctica de Heroes of Might and Magic III me encanta… pero cada vez tengo menos tiempo para los videojuegos…
  • 2000: ¡Vaya! No me engancha ni siquiera mi re-encuentro con Guybrush
  • 2008: Un día, entré en Azeroth. Casi dos años después, logré salir.

Esta relación solo contiene los juegos que han dejado algún tipo de recuerdo en mi memoria, sin la menor intención de exhaustividad alguna. Así, hay notables huecos: por ejemplo, no tengo ningún recuerdo de jugar regularmente a Mario o Zelda en alguna de sus múltiples encarnaciones. También me he perdido algunas aventuras gráficas de cierta importancia, como Maniac Mansion (jugué parcialmente en la versión incluida en “El día del tentáculo”), The Dig o Sam and Max.

En todo caso, yo mismo me sorprendo de la enorme cantidad de juegos a los que he jugado en alguna ocasión. De hecho, creo que aún editaré la página para añadir alguno más, aunque creo que con los mencionados se muestra de sobra mi mencionada relación con los videojuegos…

Como dije al principio, no he jugado prácticamente durante casi toda la década del 2000, con lo que hay un enorme salto en cuanto a juegos de todo tipo, hasta el asunto “WoW”. Actualmente, ya desintoxicado, juego cuando puedo a Skyrim, Terraria o la nueva versión de The Incredible Machine…

La poliédrica visión del auténtico friqui

Hoy día, un aficionado al mundo de lo fantástico, la ciencia-ficción, el horror, el pulp.. (ya me entendéis) tiene que estar atento a un número creciente de formatos… Inicialmente, eran los libros, después, los comics, las películas, las series… Pero también están los “videojuegos” (y los juegos de rol, de cartas, de tablero, de figuritas). La narrativa que existe detrás de juegos como “Skyrim” (hay tanta literatura “in game” que se ha publicado como ebooks para facilitar la lectura) o “Mass Effect” (los fans han hecho cambiar una novela que no seguía el “canon” de los video juegos) son dignos de seguimiento y cuidada atención por los amantes de sus respectivos géneros.

Sin embargo, está claro que los videojuegos carecen del predicamento del resto de los medios. Pese a su creciente influencia y el notable negocio que suponen, son considerado un “soporte de segunda” en cuanto a narrativa. Creo firmemente que esto debe cambiar: el videojuego es un soporte privilegiado a la hora de contar historias. Es uno de los pocos en los que el concepto “sujeto pasivo de la comunicación” no tiene sentido… ¿A qué más puede aspirar un contador de historias que un medio que reacciona en función del input que recibe?