El ciclo de Venus de Burroughs

ven103v3Cubierto por las nubes y envuelto en el misterio, el planeta Venus era el último lugar al que  Carson Napier esperaba llegar cuando despegó en secreto a bordo de su cohete hacia Marte. Sin embargo, un error de cálculo y la gravedad de la Luna le llevó sin control a través de las nieblas que ocultan el  mundo hermano de la Tierra y a la aventura de su vida.

Cuando el cohete de Napier se estrelló en Venus, este supo de inmediato que no habría retorno para él. Su prioridad se convirtió en  sobrevivir de alguna forma hasta que llegaran otros cohetes de la Tierra. Bajo la eterna capa de nubes de Venus, nuestro héroe descubrirá un mundo de enormes árboles, reinos en constante guerra y princesas que necesitan ser rescatadas. Y eso que muy a menudo, podría parecer que es nuestro héroe el que necesita un rescate.

Las novelas

El ciclo de Venus es el cuarto por importancia entre las sagas escritas por Edgar Rice Burroughs. Fue publicado entre 1933 y 1964 y la componen tres novelas y cinco relatos, cuatro de ellos publicados conjuntamente como título único.

La historia comienza en «Piratas de Venus» (Pirates of Venus, 1932). En ella se nos presenta al joven Carson Napier, un héroe algo más cauteloso que el conocido John Carter que termina por error en Venus, llamado Amtor por sus habitantes. Tras enamorarse de la inevitable princesa (llamada Duare) tendrá que enfrentarse a inimaginables peligros para salvar el reino arbóreo de Vepaja. Duare y Carson acaban en manos de los malvados thoristas (con evidentes reminiscencias comunistas, muy en boga en este momento), como esclavos en uno de sus buques. Tras organizar un motín, nuestro héroe se convierte en pirata de los océanos venusinos.

La segunda entrega del ciclo es «Perdidos en Venus» (Lost in Venus, 1933). En ella, Carson y Duare han abandonado la vida pirata. Acaban atrapados en la ciudad de Kormor, la Ciudad de los Muertos, donde tendrá que enfrentarse al horror de la habitación de las Siete Puertas. Consiguen llegar a Havatoo, la ciudad perfecta, donde conocerán a Ero Shan, que se convertirá en compañero de aventuras de Napier y ayudará a este a construir el anotar, la primera máquina voladora que surcó los cielos de Venus.

En «Carson de Venus» (Carson of Venus, 1938), encontramos a nuestros héroes en al ciudad de Sanara, asediada por los militaristas zanis. Tras numerosas aventuras en medio de una sangrienta guerra, todos dan por muerto a Napier y Duare parte de regreso a Vepaja.

A continuación vienen cuatro relatos publicados entre 1941 y 1942, vagamente conectados, pero que habitualmente se reúnen como cuarta entrega, bajo el título «Huyendo de Venus» (Escape of Venus): «Esclavos de los hombres-pez» (Slaves of the Fish Men, 1941; en otras versiones Captured on Venus),  «Diosa de fuego» (Goddess of Fire, 1941), «Los muertos vivientes» (The Living Dead, 1941) y «Guerra en Venus» (War On Venus, 1941).

En ellas, Carson, Duare y Ero Shan se han reunido e intentan regresar a Sanara a bordo del anotar. Asistimos como un tribunal sin piedad condena a Duare a muerte y como el valiente Napier roba el único avión de Venus para salvar su vida, tan solo para descubrir que el padre de la princesa está en manos de un dictador loco.

Finalmente, existe un quinto relato «El mago de Venus» (The Wizard of Venus), que estaba destinado a ser el primero de una nueva recopilación de relatos, al estilo de la anterior. Fue publicado en 1964, tras ser descubierto, con otros relatos inéditos del autor, durante la reorganización del material de la Edgar Rice Burrroughs Inc.

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Burroughs empezó a escribir la segunda historia de este quinto volumen titulada  «Una historia de Venus» (A Venus Story), el 2 de diciembre de 1941. A la sazón vivía en Hawai y  el bombardeo de Pearl Harbour cinco días después alejó al escritor de la ficción durante dos años. Se conservan un par de páginas, en las que Carson y su amigo Ero Shan, en su anotar (avión) vuelan hacia la ciudad de Sanara, donde Carson había dejado a su amada Duare. El fragmento es meramente expositivo y en él se hacen referencia a las aventuras con el loco Mago de Venus. La historia se interrumpe cuando los dos hombres descubren una nave moviéndose en el desconocido océano bajo ellos “…la primera obra del hombre que habíamos visto desde el despegue de Gavo”.

Amtor

Venus, llamado Amtor por sus habitantes, es un lugar de océanos sin nombre, salpicados de grandes islas-continente; un mundo con ciclópeos bosques cuyas copas perforan las densas nubes y cuyas ciudades se agazapan sobre sus ramas, por donde hombres alados vuelan. Un planeta cuyos habitantes, que incluyen humanos, semihumanos y monstruos,  luchan entre sí por el dominio supremo.

Bajo las nubes eternas, Carson descubrirá una raza de hombres extraños que habitan en los árboles que empequeñecen a las secuoyas. Hombres y mujeres sanos y hermosos, pues en la ciudad reino de Vepaja han descubierto el secreto de la eterna juventud y la manera de evitar todas las enfermedades. Pero a pesar de toda su sabiduría, un peligro inminente amenazaba con acabar con toda la vepajanos y su hermosa princesa Duare, quien se convertirá la amada incondicional de nuestro héroe.

Amtor, como Barsoom, está muy avanzado en algunos aspectos y muy retrasado en otros. Sus científicos utilizan la energía atómica para mover sus gigantescos buques por los enormes mares, pero ignoran por completo el concepto de máquinas voladoras hasta que Napier construye una, el anotar. Los amtorianos no se alejan mucho de la costa, ya que creen vivir en un disco plano. Cerca del borde, unas estepas desoladas anuncian la muerte por congelación. Pero en el centro, es el calor el que acecha.

Un viaje a Amtor está destinado a estar repleto de aventuras y emociones. Y si en él te cruzas con Carson Napier, no dudas en écharle una mano… después de todo, se equivocó de planeta.

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Mapa de Amtor, dibujado por el propio Edgar Rice Burroughs
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“La Gran Guerra” de Joe Sacco: Siete metros y medio de denuncia de la estupidez humana

Creo que desde ese magnífico documental llamado “El mundo en guerra”, me fascinó la II Guerra Mundial, de la que he leído, oído y visto mucho. En cambio, su predecesora, la Gran Guerra, siempre ha sido una desconocida para mi, con magros (aunque estupendos) referentes como Senderos de Gloria de Kubrik oLa guerra de las trincheras de Tardi.

Sin embargo, según más leo sobre ella gracias al centenario, más me interesa, más la descubro terrible, proteica, destructora de una visión del mundo occidental, y en especial europeo, Y la obra de Sacco viene a reforzarme en esta idea.

La Gran Guerra se presenta en un precioso estuche que incluye la ilustración y un libreto explicativo
La Gran Guerra se presenta en un precioso estuche que incluye la ilustración y un libreto explicativo, con un pequeño ensayo.

“La Gran Guerra” no es un cómic al uso, sino una enorme ilustración única que ocupa siete metros, al estilo del Tapiz de Bayeux (aunque el autor confiesa que se inspiró en la mucho más reciente Manhattan Unfurled). Es una historia muda (el estuche incluye un libreto con un pequeño ensayo y comentarios a la ilustración), pero que cuenta muy claramente el horror del primer día de la Batalla del Somme, quizá uno de los mayores monumentos que la humanidad ha levantado a su propia estupidez.

Siete metros y medio de ilustración. El gato del fondo ya estaba en casa.
Siete metros y medio de ilustración. El gato del fondo ya estaba en casa.

El Somme devoró un millón de jóvenes, casi 30.000 el primer día, que es el que narra la obra de Sacco. Con una riqueza de detalles y un rigor histórico cuidadísimo tras meses de documentación, La ilustración nos lleva desde la víspera hasta el anochecer del 1 de junio de 1916. Desde las atronadoras ráfagas de los inútiles cañones aliados, al entierro de victimas.

Casi 30.000 seres humanos murieron el primer día de la batalla del Somme
Casi 30.000 seres humanos murieron el primer día de la batalla del Somme

Puedes pasar horas contemplando las láminas y siempre descubres nuevos detalles. Técnicamente la obra es magistral: me encanta cómo se resuelve la narración en un medio sin la convención de la viñeta, como al deslizar la mirada, gracias a una falsa perspectiva avanzas hacia el horror…

La atención al detalle y la fidelidad histórica son impresionantes.
La atención al detalle y la fidelidad histórica son impresionantes.

Porque lo que cuenta la obra es eso: el horror, la muerte incomprensible de una generación de jóvenes, empujados por una casta de dirigentes demasiados ocupados en sus egos… y lo hace con una maestría y una belleza que confirman a Sacco como uno de los grandes genios del medio.

Imprescindible.

“Mercy”, de George R.R.Martin

Aviso de spoiler

Si no has leído “Danza de dragones”, este texto te revelará numerosos detalles que podrías no querer conocer de antemano. Quedas advertido.

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George R.R. Martin sigue con su política de adelantar fragmentos de la continuación de “Canción de Hielo y Fuego”, que se titulará “The Winds of Winter” y nos ha hecho llegar un nuevo capítulo, titulado “Mercy“. Con este ya son tres los capítulos publicados. Los anteriores también están traducidos en este blog:

  • Theon (relatado por el desafortunado heredero de las Islas del Hierro, a quién habíamos perdido de vista hace algún tiempo, hasta el punto de creer que estaba muerto).
  • Arianne (relatado por la princesa Arianne de Dorne, a quién habíamos dejado en Lanza del Sol, tras su fracasado complot para coronar a Myrcella Baratheon. En el capítulo, su padre, el príncipe Doran la envía a encontrarse con el recién desembarcado Jon Connington y establecer si quién le acompaña es el resucitado hijo de Elia y Rhaegar)

El texto original está en http://georgerrmartin.com/if-sample.html y evidentemente, es Copyright © 2014 by George R.R. Martin. He incluido algunas notas al final de la traducción, pero es conveniente leerlas tras disfrutar (eso espero) el texto.

Mapa de Braavos
Mapa de Braavos, donde se desarrolla el capítulo. Pulsa en la imagen para más mapas de la ciudad libre.

Mercy (1)

Despertó jadeando, sin saber quién era o dónde estaba.

Aún sentía el olor de la sangre con fuerza en la nariz… ¿o era parte de la pesadilla, que aún no se había desvanecido? Había soñado con lobos de nuevo, con carreras a través de algún oscuro bosque de pinos y una gran manada detrás de ella, siguiendo de cerca el rastro de la presa.

Una media luz llenaba la habitación, gris y melancólica. Con un estremecimiento, se sentó en la cama y deslizó una mano sobre su rapada cabeza. Sintió el pelo de tres días contra la palma. Necesito afeitarme antes de que me vea Izembaro. Mercy, soy Mercy, y esta noche seré violada y asesinada. Su verdadero nombre era Mercedene, pero Mercy era como todo el mundo le llamaba siempre…

Excepto en sueños. Tomó aire para aquietar el sonido de su corazón, tratando de retener algún detalle más de lo que había en su sueño, pero la mayoría se había ido ya. En todo caso, recordaba que había habido sangre en él y la luna llena sobre su cabeza, y un árbol que la miraba mientras corría.

Había dejado abiertas las contraventanas, para que la luz del sol la despertara. Pero no había sol más allá de la ventana de la pequeña habitación de Mercy, solo un cambiante muro de niebla gris. El aire se había hecho glacial… y aquello era una cosa buena, de lo contrario podría haber dormido todo el día. Habría sido algo muy de Mercy dormirse durante su propia violación.

Tenía la carne de gallina en las piernas. El cobertor se le había enrollado como una serpiente. Lo desató y lanzó la sabana al vacío suelo de tablones y caminó desnuda hasta la ventana. Braavos se había perdido en la niebla. Podía ver el agua verde del pequeño canal de abajo, la calle adoquinada que corría bajo su edificio, dos arcos del mohoso puente… pero el extremo alejado del puente se desvanecía en la grisura, y de los edificios de más allá del canal tan solo quedaban unas vagas luces. Oyó un suave chapoteo cuando una barca serpiente emergió bajo el arco central del puente.

—¿Qué hora es? —gritó Mercy al hombre que se erguía junto a la elevada cola de la serpiente, empujándola hacia delante con su remo. El marinero alzó la vista, buscando el origen de la voz.

—Las cuatro después del bramido del Titan. —Sus palabras levantaron ecos vacíos de las arremolinadas aguas verdosas y los muros de los invisibles edificios.

Aún no llegaba tarde, pero no podía holgazanear. Mercy era un alma alegre y una buena trabajadora, pero no excesivamente puntual. Eso no era adecuado esa noche. Se esperaba al enviado de Poniente e Izembaro no estaría de humor para excusas, incluso si las ofrecía con una dulce sonrisa.

Había llenado su palangana en el canal la noche anterior antes de dormir, ya que prefería el agua salobre a la lodosa y verde agua de lluvia que se cocía en la cisterna de detrás. Mojando una áspera toalla, se lavó desde la coronilla hasta el dedo gordo, sosteniéndose sobre una pierna para restregar sus callosos pies. Tras eso, buscó su cuchilla. Una cabeza bien afeitada ayudaba a las pelucas a mantenerse mejor, clamaba siempre Izembaro.

Se afeitó, se puso su ropa interior y deslizó un informe vestido de lana marrón por la cabeza. Una de sus medias necesitaba un remiendo, advirtió a medida que se la subía. Le pediría ayuda a Snapper (2); su habilidad para coser era tan mísera que la señora del guardarropa habitualmente se apiadaba de ella. Y si no, puedo agenciarme un par más bonito del guardarropa. Sin embargo, eso era arriesgado. Izembaro odiaba que los comediantes(3) llevaran su ropa por la calle. Excepto Wendeyne. Si le chupa un poco la polla a Izembaro, una chica puede llevar el vestido que quiera. Mercy no se engañaba sobre eso. Daena le había advertido. «Las chicas que toman ese camino acaban en El Barco, donde todo hombre del foso sabe que puede obtener cualquier cosa bonita que haya visto en el escenario, siempre que su bolsa sea lo suficientemente pesada».

Sus botas eran bultos de vieja piel marrón, moteados con manchas de sal y agrietadas por el mucho uso, su cinturón un trozo de cuerda de cáñamo en color azul. Lo ató alrededor de su cintura y colgó un cuchillo sobre su cadera derecha y un bolso de monedas en la izquierda. Finalmente, se envolvió la capa sobre los hombros. Era una auténtica capa de comediante, lana púrpura forrada de seda roja, con una capucha para protegerla de la lluvia, y tres bolsillos secretos, además. Había escondido algunas monedas en uno de ellos, una llave de hierro en otro y una espada en el último. Una auténtica espada, no un cuchillo de frutas como el que llevaba en la cadera, pero no pertenecía a Mercy, no más que sus otros tesoros. El cuchillo para frutas pertenecía a Mercy. Ella estaba hecha para comer fruta, sonreír y bromear, para trabajar duro y hacer lo que le mandaban.

«Mercy, Mercy, Mercy» canturreaba mientras descendía la escalera de madera hasta la calle. El pasamanos estaba astillado, los escalones eran empinados, y había cinco tramos, pero por eso había conseguido la habitación tan barata. Eso y la sonrisa de Mercy. Podía ser calva y escuchimizada, pero tenía una bonita sonrisa y cierta gracia. Incluso a Izembaro le parecía que era muy agraciada.

No estaba lejos de La Puerta a vuelo de cuervo, pero para chicas con pies en lugar de alas, el camino era más largo. Braavos era una ciudad retorcida. Las calles eran retorcidas, los callejones eran retorcidos y los canales eran lo más retorcido de todo. La mayoría de los días prefería ir por el camino largo, bajando por la Carretera del Trapero a lo largo del Puerto Exterior, donde tenía el mar ante ella y el cielo encima, y una clara visión a lo largo de la Gran Laguna hasta el Arsenal y las laderas llenas de pinos del Escudo Sellagoro. Los marinos la saludarían a medida que pasara por los muelles, gritando desde lo alto de los alquitranados balleneros ibbaneses y las panzudas cocas ponientis. Mercy no podía siempre comprender sus palabras, pero sabía lo que estaban diciéndole. Algunas veces, les devolvía una sonrisa, y les decía que podían encontrarla en La Puerta si tenían el dinero suficiente.

El camino largo también la llevaba a través del Puente de los Ojos, con sus caras talladas en piedra. Desde lo alto, podía mirar a través de los arcos y ver toda la ciudad: las verdosas cúpulas de cobre del Palacio de la Verdad, los mástiles elevándose como un bosque del Puerto Púrpura, las altas torres de los poderosos, el dorado trueno girando en su espiral sobre el Palacio del Señor del Mar… incluso los hombros de bronce del Titan, más allá de las oscuras aguas verdes. Pero eso era solo cuando el Sol brillaba sobre Braavos. Si la niebla era espesa, no había nada que ver excepto la grisura, así que hoy Mercy escogió la ruta corta para ahorrar uso a sus pobres botas agrietadas.

Las nieblas parecían apartarse ante ella y cerrarse de nuevo apenas pasaba. Los adoquines estaban húmedos y resbaladizos bajo su pie. Oyó a un gato gemir con melancolía. Braavos era una buena ciudad para los gatos, que deambulaban por doquier, especialmente por la noche. En la niebla todos los gatos son grises, pensó Mercy. En la niebla todos los hombres son asesinos.

Nunca había visto una niebla tan espesa como aquella. En los canales mayores, los hombres del agua podían precipitar sus barcas serpiente unas contra otras, incapaces de distinguir más allá de débiles luces desde los edificios que los bordeaban.

Mercy se cruzó con un anciano con una linterna que caminaba en dirección contraria y envidió su luz. La calle estaba tan en penumbras que apenas distinguía dónde ponía el pie. En las partes más humildes de la ciudad, las casas, tiendas y almacenes se apretaban entre sí, apoyándose unos contra otros como amantes borrachos, sus pisos superiores tan cercanos que podías saltar de un balcón al de enfrente. Abajo, las calles se convertían en túneles oscuros donde cada paso levantaba ecos. Los canales pequeños eran incluso más peligrosos, ya que muchas de las casas que se alzaban en sus orillas tenían letrinas que sobresalían sobre el agua. A Izembaro le encantaba declamar el diálogo del Señor del Mar de La melancólica hija del mercader, sobre cómo «el último Titan aún se mantiene aquí , a horcajadas sobre los hombros de sus hermanos», pero Mercy prefería la escena en la que el gordo mercader cagaba sobre la cabeza del Señor del Mar justo cuando pasaba bajo él en su barcaza dorada-y-púrpura. Solo en Braavos podría ocurrir algo así, se decía, y solo en Braavos tanto el Señor del Mar como el marinero llorarían de risa al verlo.

La Puerta se levantaba cerca del borde de la Ciudad Ahogada, entre el Puerto Exterior y el Puerto Púrpura. Un antiguo almacén se había quemado allí  y el suelo se hundía un poco más cada año, así que la tierra era barata. Sobre los inundados cimientos de piedra del almacén, Izembaro había levantado su cavernoso teatro. La Cúpula y El Farol Azul podían disfrutar de entornos más a la moda, decía a sus comediantes, pero aquí, entre los puertos, nunca les faltarían marineros y putas para llenar su foso. La Nave estaba cerca, atrayendo aún hermosas multitudes al muelle donde había atracado veinte años atrás, afirmaba, y La Puerta florecería también.

El tiempo le había dado la razón. El escenario de La Puerta había desarrollado una inclinación a medida que el edificio se asentaba, sus vestidos tendían a tener moho y las serpientes de agua anidaban en la inundada bodega, pero nada de eso preocupaba a los comediantes mientras la casa estuviera llena.

El último puente estaba hecho de cuerdas y planchas sin desbastar, y parecía disolverse en la nada, pero solo era niebla. Mercy correteaba por él, con sus talones repicando contra la madera. La bruma se abrió ante ella como como un andrajoso telón gris para revelar el teatro. Una luz amarillenta y mantecosa se vertía a través de las puertas y Mercy podía oír voces en su interior. Junto a la entrada, Gran Brusco había pintado sobre el título de la última obra, y escrito La mano sangrienta en su lugar con grandes letras rojas. Estaba pintando una sanguinolenta mano bajo las palabras, para aquellos que no podían leer. Mercy se detuvo para echarle un vistazo.

—Bonita mano —le dijo.

—El pulgar ha quedado torcido —Brusco lo golpeó con su pincel—. El Rey de los Comediantes ha preguntado por ti.

—Estaba tan oscuro que dormí y dormí. —Cuando por primera ver Izembaro se refirió a sí mismo como el Rey de los Comediantes, la compañía había sentido un perverso placer, saboreando la ira de sus rivales de La Cúpula y El Farol Azul. Últimamente, sin embargo, Izembaro había comenzado a tomarse su título demasiado a pecho. «Ahora sólo quiere interpretar reyes», decía Marro, poniendo los ojos en blanco, «y si la obra no incluye un rey, pronto ni siquiera la representaremos».

La mano sangrienta ofrecía dos reyes, el gordo y el muchacho. Izembaro interpretaría al gordo. No era un papel largo, pero tenía un hermoso discurso mientras yacía moribundo y una espléndida lucha contra un demoníaco jabalí antes de eso. Phario Forel era su autor y tenía la pluma más sangrienta de todo Braavos.

Mercy encontró a la compañía reunida detrás del escenario y se deslizó entre Daena y Snapper, al fondo, esperando que su tardanza pasara inadvertida. Izembaro estaba diciéndole a todos que esperaba que La Puerta estuviera llena hasta la bandera aquella tarde, a pesar de la niebla.

—El Rey de Poniente ha mandado un enviado para homenajear al Rey de los Comediantes esta noche —contaba a su troupe. —Nos no decepcionaremos a nuestro colega monarca.

—¿Nos? —dijo Snapper, que confeccionaba todos los vestidos para los comediantes—. ¿Acaso hay más de uno, ahora?

—Está lo suficientemente gordo para que cuente por dos —susurró Bobono. Cada compañía de comediantes debe tener un enano. Él era el suyo. Cuándo vio a Mercy, le lanzó una mirada lasciva—. ¡Aha! —dijo—. Ahí está ella. ¿Está la niñita lista para su violación? —Se pasó la lengua por los labios.

Snapper le golpeó en la cabeza.

—Silencio.

El Rey de los Comediantes había ignorado la breve conmoción. Aún estaba hablando, describiendo a la compañía lo magníficos que debían mostrarse. Además del enviado de Poniente, habría serenos (4) entre la multitud esa tarde, y famosas cortesanas también. Esperaba que no se marcharan con una pobre opinión de La Puerta.

—Mal le irá a cualquier hombre que me falle —prometió, una amenaza que había tomado del discurso que el Príncipe Garin daba en la víspera de la batalla en La ira de los Señores Dragón, la primera obra de Phario Forel.

Para cuando Izembaro finalmente acabó de hablar, quedaba menos de una hora para comenzar la función, y los comediantes estaban frenéticos e impacientes por turno. La Puerta retumbaba con el sonido del nombre de Mercy.

—Mercy —imploraba su amiga Daena—, Lady Stork ha tropezado en el dobladillo de su vestido de nuevo. Ven a ayudarme a coserlo.

—Mercy —llamaba el Extraño—. Tráeme la maldita pasta, mi cuerno se está soltando.

—Mercy —bramaba el mismísimo Izembaro El Grande—. ¿Qué has hecho con mi corona, chica? No puedo hacer mi entrada sin mi corona. ¿Cómo sabrían que soy un rey?

—Mercy —chillaba Bobono el enano—. Mercy, algo está mal en mis cordones, mi polla sigue saliéndose.

Ella fue a buscar la pegajosa pasta y sujetó el cuerno izquierdo del Extraño de nuevo en su frente. Encontró la corona de Izembaro en el retrete, donde siempre se la dejaba y le ayudó a sujetarla a su peluca, y luego corrió a por aguja e hilo para que Snapper pudiera coser el dobladillo en el vestido de tela dorada que la reina vestiría en la escena de la boda.

Y por supuesto que la polla de Bobono colgaba fuera. Estaba hecha para que colgara, para la violación. Vaya cosa repulsiva, pensaba Mercy mientras se arrodillaba ante el enano para arreglarla. La polla tenía un pie de largo y era tan gruesa como su brazo, lo suficientemente grande para ser vista desde el palco más alto. El tintorero había hecho un pobre trabajo con el cuero, sin embargo; la cosa tenía un moteado rosa y blanco, con una cabeza bulbosa con el color de una ciruela. Mercy la metió de nuevo en los calzones de Bobono y los ató.

—Mercy —le cantaba a medida que ella apretaba los cordones—, Mercy, Mercy ven a mi habitación esta noche y conviérteme en un hombre.

—Te convertiré en un eunuco si sigues desatándote para que hurgue en tu entrepierna.

—Somos el uno para el otro, Mercy —insistía Bobono—. Mira, somos de la misma altura.

—Solo cuando me arrodillo. ¿Recuerdas tu primera línea? —Tan solo había pasado quince días desde que el enano se había tambaleado hasta el escenario borracho y había abierto La angustia del Arconte con el refunfuñante discurso de La lujuriosa dama del mercader. Izembaro lo despellejaría vivo si la pifiaba de nuevo, y sin preocuparse por lo difícil que fuera encontrar un buen enano.

—¿Qué estamos representando, Mercy? —preguntó inocentemente Bobono.

Está tomándome el pelo, pensó Mercy. No está borracho esta noche, conoce perfectamente la función.

—Estamos representando La mano sangrienta, la nueva de Phario, en honor al enviado de los Siete Reinos.

—Ahora recuerdo —Bobono bajó su voz hasta un siniestro gruñido. —El dios de las siete caras me ha engañado —declamó. —A mi noble señor lo hizo del más puro oro y de oro hizo a mis hermanos, varón y hembra.Pero yo estoy hecho de materia más oscura, de huesos y sangre y barro, retorcido en esta tosca forma que ves ante ti. —Dicho esto, agarró el pecho de la chica, rebuscando un pezón—. No tienes tetas. ¿Cómo voy a violar a una chica sin tetas?

Ella agarró su nariz entre el pulgar y el índice y la retorció.

—Y tú no tendrás nariz hasta que me quites las manos de encima.

—Ouuuuu… —se quejó el enano, soltándola.

—Me saldrán tetas en un año o dos —Mercy se levantó, alzándose sobre el hombrecillo—. Pero a ti no te crecerá otra nariz. Piensa en eso ante de volverme a tocar ahí.

Bobono se frotó su tierna nariz.

—No es necesario ser tan tímida. Estaré violándote enseguida.

—No hasta el segundo acto.

—Siempre le doy un tierno apretón a las tetas de Wendeyne cuando la violo en La angustia del Arconte —se quejó el enano—. A ella le gusta y al foso también. Tienes que complacer al foso.

Esa era una de las “sabidurías” de Izembaro, como le gustaba llamarlas. Tienes que complacer al foso.

—Apuesto a que al foso le gustaría que arrancara la polla del enano y le golpeara la cabeza con ella —replicó Mercy—. Eso es algo que no han visto antes—. Dadles siempre algo que no hayan visto antes era otra de las “sabidurías” de Izembaro, y una para la que Bobono no tenía fácil respuesta—. Ya estás listo —anunció Mercy—. Ahora, veamos si puedes conservar tus calzones hasta que sea necesario.

Izembaro la llamaba de nuevo. Ahora no podía encontrar su lanza del jabalí. Mercy se la encontró, ayudó a Gran Brusco vestir su traje de jabalí, comprobó las falsas dagas, solo para asegurarse de que nadie las había cambiado por armas verdaderas (alguien había hecho eso en La Cúpula una vez y un comediante había muerto) y sirvió a Lady Stork el sorbo de vino que le gustaba tomar antes de cada representación. Cuando todos los gritos de «Mercy, Mercy, Mercy» se desvanecieron finalmente, robó un momento para echar un rápido vistazo a la casa.

El foso estaba tan lleno como siempre lo había visto, y el público ya estaba disfrutando, bromeando y empujándose, comiendo y bebiendo. Vio a un buhonero vendiendo trozos de queso, arrancándolos de la rueda con sus dedos cada vez que encontraba un comprador. Una mujer llevaba una bolsa de arrugadas manzanas. Pellejos de vino pasaban de mano en mano, algunas chicas estaban vendiendo besos y un marinero estaba tocando la flauta marina. El hombrecillo de ojos tristes llamado Quill estaba de pie al fondo; había venido a ver si podía robar algo para sus propias obras. Cossomo el Conjurador también había venido, y en sus brazos estaba Yna, la puta de un solo ojo de Puerto Feliz, pero Mercy no podía conocer estos dos, y ellos no conocerían a Mercy. Daena reconoció algunos habituales de La Puerta en la multitud y los señaló para ella; el tintorero Dellono con su blanco rostro contraído y manos moteadas de púrpura; Galeo, el fabricante de salchichas con su grasiento delantal de cuero; el alto Tomarro, con su rata mascota en un hombro.

—Mejor será que Tomarro no deje a Galeo ver esa rata —advirtió Daena. —Esa es la única carne que pone en sus salchichas, según he oído —Mercy se cubrió la boca y rió.

El anfiteatro también estaba repleto. El primer y tercer nivel eran para mercaderes y capitanes y otra gente respetable. Los jaques preferían el cuarto y más alto, donde los asientos eran más baratos. Era un carnaval de brillantes colores allí arriba, mientras debajo dominaban tonos más sobrios. El segundo piso estaba separado en palcos, donde los poderosos podían estar cómodos y en privado, a salvo de la vulgaridad de arriba y abajo. Tenían la mejor vista del escenario y sirvientes para traerles comida, vino, cojines, lo que desearan. Era raro encontrar el segundo piso ocupado más allá de la mitad de su capacidad en La Puerta; la mayoría de los poderosos que querían paladear una noche de comedia se inclinaban más a visitar la Cúpula o El Farol Azul, donde la oferta era considerablemente más sutil y poética.

Sin embargo, esa noche era diferente, sin duda debido a la presencia del enviado ponienti. En uno de los palcos se sentaban tres retoños de Otharys, cada uno acompañado por una famosa cortesana; Prestain se sentaba solo, un hombre tan anciano que te maravillabas de que hubiera podido alcanzar su asiento; Torone y Pranelis compartían un palco, ya que les unía una incómoda alianza; la Tercera Espada había invitado a media docena de amigos.

—Cuento cinco serenos —dijo Daena.

—Besaro está tan gordo que deberías contarlo dos veces —replicó Mercy, riéndose. Izembaro tenía una buena barriga, pero comparado con Bessaro era tan esbelto como un sauce. El sereno era tan grande que necesitaba un asiento especial, el triple del tamaño de una silla corriente.

—Son todos unos gordos, esos Reyaan —dijo Daena—. Barrigas tan grandes como sus barcos. Debes haber visto al padre. Hace que este parezca pequeño. Una vez fue convocado al Palacio de la Verdad para votar, pero al subir a su barca, se hundió —sujetó a Mercy del codo. —Mira, el palco del Señor del Mar —El Señor del Mar nunca había visitado La Puerta, pero pese a ello Izembaro había reservado un palco para él, el mayor y más opulento en la casa—. Ese debe ser el enviado ponienti. ¿Alguna vez has visto semejantes ropas en un anciano? Y mira, ¡se ha traído a la Perla Negra!

El enviado era delgado y se estaba quedando calvo, con un divertido jirón de barba gris creciendo de su barbilla. Su capa era de terciopelo amarillo, y también lo eran sus calzones. Su jubón era de un azul tan brillante que casi hicieron llorar a los ojos de Mercy. En su pecho estaba bordado un escudo en hilo amarillo, y en el escudo había un orgulloso gallo azul resaltado en lapislázuli. Uno de sus guardas le ayudó a sentarse, mientras otros dos permanecieron detrás de él, al fondo del palco.

La mujer que le acompañaba no podía tener más del tercio de su edad. Era tan encantadora que las lámparas parecían brillar más a su paso. Llevaba un vestido de corte bajo de pálida seda amarilla, deslumbrante contra el ligero bronceado de su piel. Su negro cabello estaba recogido en una red de oro hilado y un collar azabache y oro acariciaba la parte superior de sus generosos pechos. Mientras las chicas miraban, se inclinó hacia el enviado y le susurró algo al oído que le hizo reír.

—Deberían llamarla la Perla Morena —le dijo Mercy a Daena—. Es más morena que negra.

—La primera Perla Negra era negra como un frasco de tinta —dijo Daena—. Era una reina pirata concebida por un hijo del Señor del Mar en una princesa de las Islas del Verano. Un rey dragón de Poniente la tomó como amante.

—Me gustaría ver un dragón —dijo melancólica Mercy—. ¿Por qué el enviado tiene una gallina en su pecho? —Daena aulló.

—Mercy, ¿acaso no sabes nada? Es su blasón. En los Reinos del Atardecer todos los señores tienen blasones. Algunos tienen flores, otros pescados, algunos osos y alces y otras cosas. Mira, los guardas del enviado llevan leones.

Era cierto. Había cuatro guardias: hombres grandes de mirada dura, con cotas de malla y pesadas espadas largas ponientis enfundadas en las vainas de sus caderas. Sus capas carmesí estaba bordeadas con doradas espirales, y leones dorados con ojos de color rojo granate cerraban cada capa en el hombro. Cuando Mercy echó una mirada a las caras bajo los cascos dorados coronados de leones, su tripa se revolvió. Los dioses me han hecho un regalo. Sus dedos apretaron con fuerza el brazo de Daena.

—Ese hombre. El que está al final, detrás de la Perla Negra.

—¿Qué pasa con él? ¿Lo conoces?

—No —Mercy había nacido y crecido en Braavos, ¿cómo podría conocer a ningún ponienti? Tuvo que pensar un momento. —Es tan solo que… bueno, es guapo y agradable a la vista, ¿no crees? —Lo era, de una forma basta, aunque sus ojos eran duros.

Daena se encogió de hombros.

—Es muy viejo. No tan viejo como los otros, pero… Puede tener treinta. Y es ponienti. Son salvajes terribles, Mercy. Mejor aléjate de los de su clase.

—¿Alejarme? —Mercy lanzó una risita sofocada. Era una niña de risitas sofocadas, Mercy—. No. Quiero acercarme —le dio un abrazo a Daena—. Si Snapper me busca —dijo—, cuéntale que he salido a repasar mis líneas de nuevo—. Solo tenía unas pocas y la mayoría eran tan solo “Oh, no, no, no” y “No, oh no me toquéis” y “Por favor, milord, aún soy virgen” pero esta era la primera vez que Izembaro le había dado cualquier tipo de línea, así que era de esperar que la pobre Mercy quisiera decirlas bien.

El enviado de los Siete Reinos había metido a dos de sus guardas en el palco para que permaneciesen detrás suyo y de la Perla Negra, pero los otros dos estaban apostados justo fuera de la puerta, para asegurar que no era molestado. Estaban hablando en voz baja en la lengua común de Poniente cuando se deslizó silenciosa tras ellos en el oscurecido pasaje. Aquel no era un lenguaje que Mercy pudiera conocer.

—Por los siete infiernos, qué húmedo es este lugar —oyó quejarse al guarda—. Estoy calado hasta los huesos. ¿Dónde están los malditos naranjos? Siempre había oído que había naranjos en las Ciudades Libres. Limones y limas. Granadas. Pimientos picantes, noches cálidas, chicas con vientres desnudos. ¿Dónde están todas las chicas con vientres desnudos, pregunto?

—Al sur, en Lys y Myr y el Viejo Volantis —replicó el otro guarda. Era un hombre mayor, de barriga prominente y canoso—. Fui a Lys con Lord Tywin una vez, cuando era Mano de Aerys. Braavos está al norte de Desembarco del Rey, estúpido. ¿No puedes leer un maldito mapa?

—¿Cuánto crees que estaremos aquí?

—Más de lo que te gustaría —replicó el mayor—. Si regresa sin el oro, la reina se quedará su cabeza. Además, he visto a esa mujer suya. Hay escaleras en Roca Casterly que no puede bajar por miedo de quedarse enganchada, así está de gorda. ¿Quién volvería a eso, cuando tiene a su reina color hollín?

El guapo guardia hizo un mohín.

—¿Crees que la compartirá con nosotros, después?

—Pero, ¿estás loco? ¿Crees que él se da cuenta de que existimos? El maldito sodomita no acierta nuestros nombres la mitad de las veces. Quizá era diferente con Clegane.

—El ser no era de obras de comediantes y putas de fantasía. Cuando el ser quería una mujer, tomaba una, pero a veces nos dejaba tenerla, después. No me importaría probar esa Perla Negra. ¿Crees que es rosada entre las piernas?

Mercy quería oír más, pero no había tiempo. La Mano Sangrienta estaba a punto de comenzar y Snapper estaría buscándola para ayudarla con los vestidos. Izembaro podría ser el Rey de los Comediantes, pero Snapper era a quien ella temía. Habría tiempo para su guapo guardia más tarde.

La Mano Sangrienta se abría en un cementerio.

Cuando el enano apareció repentinamente por detrás de una lápida de madera, la multitud comenzó a silbar y maldecir. Bobono anadeó hasta la parte delantera del escenario y los miró maliciosamente.

—El dios de las siete caras me ha engañado —comenzó, gruñiendo las palabras—. A mi noble señor lo hizo del más puro oro y de oro hizo a mis hermanos, varón y hembra.Pero yo estoy hecho de materia más oscura, de huesos y sangre y barro…

Por entonces, Marro había aparecido tras él, lúgubre y terrible en la larga y negra túnica de El Extraño. Su cara era negra también, sus dientes rojos y brillantes por la sangre, mientras que cuernos de marfil sobresalían de su frente. Bobono no podía verle, pero los palcos sí y ahora el foso también. La Puerta se quedó mortalmente silenciosa. Marro se movió hacia delante en silencio.

También lo hizo Mercy. Los vestidos estaban todos colgados y Snapper estaba ocupada cosiendo a Daena en su vestido para la escena de la corte, por lo que la ausencia de Mercy no debería ser notada. Silenciosa como una sombra, se deslizó por detrás del escenario, subiendo hasta donde los guardias permanecían fuera del palco del enviado. De pie en un oscuro hueco, quieta como la piedra, tenía buena vista de la cara del guardia. La estudió con cuidado. ¿Soy muy joven para él?, pensó, ¿demasiado plana? ¿demasiado delgada? Esperaba que no fuera la clase de hombre que le gustaban las tetas grandes en una chica. Bobono tenía razón acerca de su pecho. Sería mejor si pudiera llevarlo a mi casa, tenerlo todo para mi. Pero, ¿vendrá conmigo?

—¿Piensas que puede ser él? —estaba diciendo el guapo.

—¿Qué pasa, los Otros se han llevado tu juicio?

—¿Por qué no?¿Acaso no es un enano?

—El gnomo no es el único enano en el mundo.

—Puede que no, pero mira, todo el mundo cuenta lo listo que era, ¿verdad? Pues quizá crea que el último sitio del mundo en el que su hermana lo buscaría sería en un espectáculo de comediantes, haciendo bromas de sí mismo. Así que eso es exactamente lo que hace, para retorcer la nariz a la reina.

—Ah, estás loco.

—Bien, quizá le siga después de la comedia. Descubrirlo por mi mismo—. El guardia puso la mano en la empuñadura de su espada—. Si estoy en lo cierto, me convertiré en un señor, y si estoy equivocado, bueno, maldito sea, solo es un enano —. Lanzó un ladrido de risa.

En el escenario, Bobono estaba regateando con el siniestro Extraño de Marro. Tenía una gran voz para un hombrecillo tan pequeño, y ahora la hacía rebotar contra las más altas vigas.

—Dadme la copa —le decía al Extraño—, porque beberé a fondo. Y si sabe a oro y a sangre de leones, mucho mejor. Ya que no puedo ser el héroe, dejadme ser el monstruo y así les enseñaré el miedo en lugar del amor.

Mercy musitó las últimas líneas al unísono con él. Eran mejores líneas que las suyas, y además más apropiadas. Él me deseará o no me deseará, pensó, así que dejemos que la obra comience. Rezó una oración silenciosa al dios de la muchas caras, se deslizó fuera de su hueco y se movió torpemente hacia los guardias. Mercy, Mercy, Mercy.

—Mis señores —dijo—, ¿habláis braavosi? Oh, por favor, decidme que sí.

Los dos guardias intercambiaron una mirada.

—¿De qué va esto? —preguntó el mayor—. ¿Quién es ella?

—Uno de los comediantes —dijo el guapo. Se quitó su bonito pelo de la frente y le sonrió. —Lo siento, dulzura, no hablamos tu jerigonza.

Jaleo y plumas, pensó Mercy, solo conocen la lengua común. Eso no era bueno. Ríndete o sigue adelante. No podía rendirse. Lo necesitaba tanto.

—Conozco vuestra lengua, un poco —mintió, con la más dulce sonrisa de Mercy—. Sois Señores de Poniente, me ha dicho mi amiga.

El mayor rió.

—¿Señores? Sí, eso es lo que somos.

Mercy se miró los pies con timidez.

—Izembaro nos pide complacer a los señores —murmuró—. Si hubiera algo que desearáis, cualquier cosa

Los dos guardias intercambiaron de nuevo una mirada. Entonces, el guapo alargó el brazo y le tocó el pecho.

—¿Cualquier cosa?

—Eres asqueroso —dijo el mayor.

—¿Por qué? Si este Izembaro quiere ser hospitalario, podría ser grosero rechazarle—. Le retorció el pezón a través del tejido de su vestido, de la misma forma que el enano había hecho cuando estaba arreglando su polla para él—. Las comediantes son lo segundo mejor después de las putas.

—Puede ser, pero esta comediante es una niña.

—No lo soy —mintió Mercy—. Ahora soy doncella.

—No por mucho tiempo —dijo el bien parecido guardia—. Soy Lord Rafford, dulzura, y sé exactamente lo que quiero. Súbete las faldas ahora y apóyate contra esa pared.

—Aquí no —dijo Mercy, quitándose la mano de encima—. No dónde la obra está representándose. Podría gritar e Izembaro se volvería loco.

—¿Dónde, pues?

—Conozco un sitio

El guardia mayor frunció el ceño.

—¿Qué, crees que te puedes ir corriendo? ¿Qué pasa si su señoría aparece buscándote?

—¿Por qué lo haría? Tiene un espectáculo que ver. Y tiene su propia puta, ¿por qué no puedo tener la mía? Esto no llevará mucho.

No, pensó ella, no llevará mucho. Mercy lo tomó de la mano, lo dirigió a través de la parte trasera y bajaron los escalones hasta salir a la noche brumosa.

—Podríais ser un comediante, si quisierais -le dijo, mientras la apretaba contra el muro del teatro.

—¿Yo? —El guardia resopló—. No yo, chica. Toda esa maldita cháchara, no recordaría ni la mitad de ella.

—Es duro al principio —admitió—. Pero tras un tiempo, se hace más fácil. Os podría enseñar a decir una línea. Podría.

Él la agarró por la muñeca.

—Yo me encargo de la enseñanza. Es el momento para tu primera lección—. Tiró de ella con rudeza hacía él y la besó en los labios, forzando la lengua dentro de su boca. Era húmeda y babosa, como una anguila. Mercy la lamió con su propia lengua, luego se separó, sin aliento.

—Aquí no. Alguien podría vernos. Mi habitación no está lejos, pero apresuraos.Tengo que estar de vuelta antes del segundo acto, o me perderé mi violación—. Él sonrió.

—No tengas miedo por eso, chica—. Pero la dejo tirar de él tras ella. Tomados de la mano, corrieron a través de la niebla, sobre puentes y a través de callejones y subieron cinco tramos de astilladas escaleras de madera. El guardia jadeaba para cuando irrumpieron a través de la puerta de su pequeña habitación. Mercy encendió una alta vela, y luego bailó a su alrededor, riendo.

—Oh, ahora estáis cansado. Olvidé lo viejo que sois, milord. ¿Queréis echar una pequeña siesta? Tan solo tumbaos y cerrad vuestros ojos, y yo volveré después de que el Gnomo me haya violado.

—Tú no vas a ningún sitio. —La atrajo con rudeza hacia él—. Quítate esos andrajos y te enseñaré lo viejo que soy.

—Mercy —dijo ella—. Mi nombre es Mercy. ¿Podéis decirlo?

—Mercy —dijo él—. Mi nombre es Raff.

—Lo sé —deslizó su mano entre sus piernas y sintió lo duro que estaba a través de la lana de sus calzones.

—Los cordones —le urgió—.Sé una buena chica y desátalos—. En lugar de hacerlo, ella, deslizó su dedo hacia abajo por la parte interior de su muslo. Él lanzó un gruñido—. Maldita, ten cuidado ahí, tú…

Mercy jadeó y dio un paso atrás, con la cara confusa y asustada.

—Estáis sangrando.

—¿Que… —miró hacia abajo—. Los dioses sean benevolentes. ¿Qué me has hecho, coñito?—  Una mancha roja se extendía a lo largo de su muslo, empapando el pesado tejido.

—Nada —chilló Mercy—. Yo nunca… oh, oh, hay tanta sangre. Paradla, paradla, me estáis asustando.

Él agitó la cabeza, con una mirada confusa en su cara. Cuando apretó su mano contra su muslo, la sangre se escurrió entre sus dedos. Corría pierna abajo, y se metía dentro de sus botas. No se le ve tan bien parecido ahora, pensó ella. Ahora solo parece blanco y asustado.

—Una toalla —jadeó el guardia—. Tráeme una toalla, un trapo, aprieta con él. Dioses. Me mareo—. La pierna estaba empapada con sangre desde el muslo abajo. Cuanto trató de poner su peso sobre ella, la rodilla cedió y cayó—. Ayúdame —suplicó, a medida que la entrepierna de sus calzones enrojecía. —La Madre se apiade, chica. Un sanador… corre y encuentra un sanador, rápido…

—Hay uno en el siguiente canal, pero no vendrá. Tenéis que ir hasta él. ¿No podéis andar?

—¿Andar? —Sus dedos estaban pegajosos por la sangre—. ¿Estás ciega, chica? Estoy sangrando como un cerdo ensartado. No puedo andar así.

—Bueno —dijo ella—. No sé cómo vaiss a llegar allí, entonces.

—Tendrás que llevarme.

¿Lo ves?, pensó Mercy, te sabes tu línea, como yo me sé la mía.

—¿De verdad? —pregunto Arya (5), dulcemente

Raff El Dulce (6) la miró con asombro como la larga y delgada hoja salía deslizándose por la manga. Ella la deslizó a través de su garganta bajo la barbilla, la retorció y desgarró lateralmente con un suave movimiento. Siguió una fina lluvia roja y en sus ojos la luz se apagó.

Valar morghulis —susurró Arya, pero Raff estaba muerto y no oía. Arrugó la nariz. Debería haberle ayudado a bajar los escalones antes de matarlo. Ahora tendré que arrastrarle todo el camino hasta el canal y tirarlo dentro. Las anguilas harían el resto.

—Mercy, Mercy, Mercy —cantaba con tristeza. Había sido una chica tonta y frívola, pero de buen corazón. La iba a echar de menos, y echaría de menos a Daena y a Snapper y al resto, incluso a Izembaro y Bobono. Esto crearía problemas entre el Señor del Mar y el enviado con la gallina en su pecho, no lo dudaba.

Pensaría sobre eso más tarde, en todo caso. Ahora mismo no tenía tiempo. Mejor que corra. Mercy todavía tenía lineas que decir, sus primeras líneas y las últimas, e Izembaro pediría su bonita, pequeña y vacía cabeza si llegaba tarde a su propia violación.

Notas

(1) “Mercy” significa “Piedad” en inglés, y al contrario que en nuestro idioma, no es un nombre habitual. He tenido muchas dudas, pero finalmente no me ha parecido adecuado traducirlo, ya que es un diminutivo y habría tenido que inventar el nombre original (para sustituir a “Mercedene”). Además, el nombre se repite incesantemente en el capítulo y la sonoridad del nombre español me resultaba extraña, aunque se pierda un punto de la intención del autor, ya que la piedad no abunda en el texto.

(2) “Snapper” o “the Snapper” es el nombre (o cargo o mote) de la señora que se encarga del vestuario de la compañía de comediantes de Izembaro. No he sabido encontrar una traducción adecuada. “The Snapper” es el nombre original de, por ejemplo, “Café irlandés”, la película de Frears, donde se refiere al bebé que desencadena la acción. También es una clase de pez (el pargo) y en slang se usa para denominar a un ratero. También puede ser “el que hace snap” (chasquido, mordisco o incluso foto). A falta de más datos, lo he dejado tal cual.

(3) He traducido “Mummers” por “comediantes”. En los libros anteriores se los ha traducido bien así, bien como “tirititeros”. Este lo descarté enseguida, ya que no lo son. Si no hubiera precedente, hubiera escogido “máscaras”, mucho más sonoro a mi parecer y cercano al espíritu del autor, que nos remonta con el capítulo al Londres de William Shakespeare y su mítico teatro El Globo.

(4) “Keyholder”. Ya se les menciona en “Festín de cuervos”, donde la Gata de los canales “Vendió su mercancía a arrogantes jaques vestidos con ropa de seda a rayas, y también a serenos y justicias mayores con jubones marrones y grises”, aunque no se explica por qué son tan importantes en una ciudad de canales como Braavos.

(5) Aunque resulta bastante evidente al avezado lector, se revela aquí que Mercy es la nueva encarnación de Arya Stark. Para aquellos que tengan “Festín de cuervos” y “Danza de dragones” algo lejanos, les recuerdo que en el libro, Arya llega a la ciudad libre de Braavos gracias a la moneda de Jaqen. En ella, es acogida en la Casa de Blanco y Negro, sede de lo que parece una secta de asesinos sagrados, capaces de alterar su aspecto físico para “entregar su don”. En manos de esta secta, Arya asume varias identidades, cuyos nombres encabezan los capítulos que protagoniza: Gata de los canales, La niña ciega y La niña fea. Al final de este capítulo, Arya es entregada a Izembaro, lo que entronca directamente con el capítulo.

(6) Raff El Dulce, uno de los hombres de Ser Gregor Clegane La Montaña que Cabalga y estaba en la lista de Arya desde que asesinó a Lommy (tras decir esas precisas palabras) en el remoto “Choque de reyes” (Arya 5).

Mi primera lectura de ciencia-ficción

Tengo un recuerdo relativamente claro de mis primeras andanzas como lector. El primer libro que recuerdo era de Los Picapiedra (aún lo conservo). Después llegaron un atlas y “De grumete a almirante” de Frederick Marryat… Y muchos más, claro… Sin embargo, no tengo tan claro cuál fue la primera obra relacionada con la ciencia-ficción que leí. Así que, tras algo de arqueología en una reciente visita al hogar ancestral, me he encontrado con una posibilidad muy cierta de ser mi primera lectura de ciencia-ficción: “El ratón Miguelito y su nave interplanetaria”.

Esta entrada esta dedicada con todo cariño a mi tío, Eusebio Álvarez Gordillo. Espero que, al final, llegara a la Luna en su nave espacial.

Se trata de un libro infantil, claro. ¿Acaso empezaste leyendo a Philip K. Dick? Ni siquiera es mío: perteneció a mi tío Eusebio (cuyo nombre llevo) y es uno de los pocos libros que había en mi casa antes de que comenzara a comprarlos yo. Así que lo he rescatado, he hecho algo de investigación en la red y, finalmente, lo he traído al siglo XXI, en parte como homenaje a mi tío y en parte como ejercicio de nostalgia…

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La colección original

Little Golden Books es el nombre de una de las colecciones más importantes de libros infantiles de los Estados Unidos. Su historia se remonta a 1942, cuando nacieron de la mano de Simon & Schuster. Tras cambiar varias veces de manos, la colección llega hasta nuestros días, en que es propiedad de Random House. Entre sus activos, el libro infantil más vendido de la historia norteamericana: The Poky Little Puppy, del que se han vendido 15 millones de ejemplares. Los libros de Pocoyo, por ejemplo, se editan dentro de esta colección.

La colección abarcaba (y abarca) numerosos temas: cuentos, fábulas, adaptaciones de clásicos, temas religiosos, divulgación de la naturaleza… Y también se especializó desde muy pronto en explotar los personajes que hacían las delicias de los niños en otros medios. Primero el cine y luego la televisión. Los personajes de Disney estuvieron entre los primeros en pasar a formar parte de los Golden Books.

Miguelito lee el periódico
“Escucha esto”, dijo el Ratón Miguelito después de leer el diario de la tarde. “¡Un Gran Concurso!¡Premio de Cincuenta mil pesos para la persona que logre hacer un Viaje de Ida y Vuelta a la Luna!”

Los autores

Mickey Mouse and His Space Ship se publicó en 1952. Fue escrito por Jane Werner Watson (1915-2004), una autora especializada en libros infantiles cuya producción se centró en los años 50. No dejó excesiva huella, dados los magros resultados que se encuentran en la red. En GoodReads hay una relación de algunas de sus obras. Hizo muchas de tema religioso, pero también sobre elfos y magia. Al parecer, también actuó como editora de muchos “Little Golden Books” (aparece reseñada como tal en la entrada Eloise Wilkin, en Wikipedia).

La obra más conocida de Werner es The Golden Treasury of Elves and Fairie, aunque sea principalmente por sus ilustraciones, de la mano de Garth Williams. Me parece curioso que en los 80 escribiera una novela de ciencia-ficción para “jovenes adultos” (The Case of the Vanishing SpaceShip).

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“En unos momentos, había logrado abrir las puertas. En otros cuantos segundos estaba empujando la preciosa nave interplanetaria”

Algo más complejo es encontrar a los responsables de las ilustraciones. En el libro se especifica “Dibujos por los estudios de Walt Disney”, con un “adaptado por Milton Banta y John Ushler” a continuación. En otras referencias, ambos aparecen como ilustradores. Banta solo aparece citado en un segundo Litttle Golden Book (Mickey Mouse and Pluto Pup). Más suerte tenemos con John Ushler. Ushler era ilustrador de plantilla de la Western (que poseía los Golden Books en esta época), dónde se especializó en los dibujos para Disney. En 1962, se convertiría en miembro del Disney Comic Strip Department, donde dibujó tiras diarias (strips) como Scamp, Bo Bummel, Roy Rogers y Pier 19 y dominicales (sundays) como Disney’s Treasury of Classic Tales y Uncle Remus (personaje de la controvertida “Canción del Sur“).

La traducción

Cualquiera que haya leído cómics antes de los 80 conoce a la Editorial Novaro, el titan hispano de los tebeos, que desde México se encargó de traducir y publicar para los no angloparlantes a los superhéroes de la DC, entre otros muchos. Tuvo una sede en Barcelona, desde donde se crearon muchos de los tebeos que se distribuyeron por todo el mundo. Las traducciones de Novaro siguen las recomendaciones de la Secretaría de Educación Pública mexicana que, entre otras cosas, recomendaban evitar nombres y referencias inglesas: de ahí que la mayoría de los personajes y lugares tuvieran nombres “españolizados” (Bruno Díaz por Bruce Wayne, Villachica por Smallville…)

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Lo cierto es que el único sitio que he visto versiones hispanizadas de los personajes de Disney es en El ratón Miguelito y su nave interplanetaria. Aquí, Mickey es Miguelito, Donald es Pascual, Goofy es Tribilín, Daisy es Rosita, Minnie es Mimi y Pete Pata Palo es Pedro Pata de Palo. Del traductor, George Godoy, no he podido encontrar más que referencias a diversas traducciones de libros infantiles para Novaro.

No está claro cuándo se publicó la versión en español, pero debió ser en la década de los 50. En España, Novaro publicitaba sus colecciones en ABC en 1963. La referencia más temprana que he encontrado es en un  documento llamado “Las publicaciones mexicanas para niños“, del año 1960. Para su autora (Catedrática de la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas, nada menos), “la traducción está mal hecha”, pero “las ilustraciones son buenas”. Coincido básicamente con ella.

La historia

¡Ah, la historia! Bueno, es un cuento infantil y como es natural, su argumento es extremadamente sencillo: Mickey y Donald (Miguelito y Pascual) construyen una nave espacial para ganar un premio de 50.000 pesos al primero que visite la Luna. Pete Pata Palo se cruza en su camino y les roba la nave… Debo haberla leído siendo muy niño ya que recuerdo perfectamente tanto el argumento como los dibujos que, a mi parecer, son bastante buenos.

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“Haciendo oscilar su destornillador desprendió un trozo de roca de la luna”

En la entrada he colocado algunas de mis ilustraciones favoritas… Pero también he preparado una edición “facsímil” del libro. He retocado la portada para arreglar los daños del tiempo y he intentado eliminar los trazos de colores que alguna mano infantil (que no descarto fuera mía) hizo sobre las diversas páginas. Hay alguna distorsión, pero no quiero dañar más el libro. He usado el formato CBR para empaquetar los escaneados, porque me parece que es el menos intrusivo y más universal. Cualquier lector de cómics puede abrirlo.

Pulsa en la imagen y acompaña a Miguelito, Pascual y a sus amigos en una aventura que nos lleva, nada más y nada menos, ¡¡hasta la Luna!!

Portada de El Raton Miguelito y su nave espacial
Portada “restaurada” de “El Raton Miguelito y su nave espacial”

Cuento de arena: de las buenas historias y los hermosos libros que las contienen

Jim Henson, el creador de los Teleñecos mantuvo una larga y fructífera relación creativa con Jerry Juhl (responsable fundamental de, por ejemplo, todo “Fraggle Rock”). Esta relación se extiende en el pasado hasta varios proyectos cinematográficos experimentales en los 60 (“Time piece”, nominado al Óscar, “The Cube”…), uno de los cuales, “Tale of Sand”, no pasó del estado de guión.

La historia nos habla de una surrealista persecución por un desierto en el que el anónimo protagonista encuentra los más extraños personajes y atraviesa situaciones que oscilan entre lo dramático y lo ridículo. La obra durmió en un cajón bajo toneladas de marionetas hasta que, recientemente, se ha convertido en una novela gráfica, de la mano de Ramón K. Pérez y ha ganado tres merecidos premios Eisner…

Antes de que te lances de cabeza a comprarlo, debes tener en cuenta que lo importante en “Cuento de arena” no es tanto la trama, prácticamente muda, extraña, vertiginosa y desconcertante… como el dejarse llevar por una cascada de sensaciones, por las brillantes composiciones de Pérez (a quién no conocía hasta esta obra) y los psicodélicos colores de Ian Herring…

Si me permitís cierta cursilería de antiguo “connaisseur” : este libro es un festín para los sentidos del auténtico amante de la narrativa secuencial….

No puedo, además, dejar de resaltar que todo ello está envuelto en una edición en la que Norma ha echado el resto: una tapa dura magnífica, con esquinas redondeadas y banda elástica; completando la obra con introducciones, bocetos y una traducción-facsímil del guión completo…

A mi, que soy un enamorado del mundo digital, me ha sorprendido redescubrir en este volumen el aprecio por las ediciones cuidadas, por las buenas historias y los hermosos libros que las contienen…

Qué haya muchas más…

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“La Atalaya” y la trilogía perdida de Lynn

“La Atalaya” (Watchtower) es el primer volumen de la Trilogía de Tornor, la obra más conocida de Elizabeth A. Lynn. Lynn las escribió entre 1979 y 1980, recibió el Premio Mundial de Fantasía por la primera de ellas (y por el cuento The woman who loved the Moon) y… desapareció. Algunos años después en una entrevista concedida a Locus, contó que había sufrido un grave caso del “bloqueo del escritor”. Desde entonces, ha escrito un par de novelas más, con poco éxito al parecer…

Las historias de Lynn son conocidas porque incorporan personajes homosexuales en su trama (la escritora es, entre otras cosas, lesbiana y una experta en ahikido). Aún mejor, lo hace sin que ese rasgo sea el único fundamental en el argumento o en el desarrollo de sus protagonistas: de esa forma, se rodea dicho hecho de una envidiable naturalidad.

Lamentablemente, en español solo está disponible el primero de los tres volúmenes:

  • WatchTower (La Atalaya)
  • The Dancers of Arun (Los bailarines de Arun)
  • The Northern Girl (La chica del norte)

Solo he leído el primero. Y es una magnífica historia de Fantasía heroica, en la que destaca el naturalismo del mundo que genera, personajes fascinantes y un hábil manejo de las relaciones humanas y de una magia sutil y relevante. Espero seguir con la trilogía en algún momento…

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Ender no juega

“El juego de Ender” es una novela fascinante, de esas que te atrapa desde la primera página y que no te deja soltarla hasta el final. Lo he comprobado al revisitarla a raíz del estreno de la adaptación al cine. La adaptación no está a la altura, porque creo que desvirtúa el espíritu del libro. O, al menos, lo que yo creo que es el espíritu del libro.

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¡Spoilers a la vista!

Si no has leído el libro o visto la película, no sigas leyendo

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Nunca juzgues un libro por su película. J.W.Egan. Creditos: http://forgottenships.tumblr.com

Según la wikipedia, en los Marines de los Estados Unidos se recomienda la lectura de “El juego de Ender”. Suena a la típica leyenda urbana sin fundamento, pero nos da una indicación de que la obra puede ser interpretada como militarista. Y Elaine Redford escribió hace muchos años un impactante articulo comparando a Ender con Hitler. Card tiene posturas muy conservadoras en muchos aspectos (muchas derivadas de su condición de mormón) y es un homófobo  reconocido y militante. De hecho, hay una campaña para boicotear la película por esto mismo: Skip Ender’s Game.

¿Es, pues, “El juego de Ender” una novela militarista, al estilo de “Starship Troopers”? Yo creo que no, pero parece que la novela permite tanto una interpretación como la contraria. Quizá ahí radique la grandeza del libro, aunque preferiría que no existiera esa ambigüedad…

Algunas de las razones para respaldar mi opinión serían:

  • Está claro que el libro establece que para ser un buen militar hay que estar bastante loco. Pero ni siquiera basta con esto: es necesario no ser consciente de las consecuencias de tus actos para poder alcanzar la excelencia en el oficio bélico. Como un niño jugando con una pistola.
  • Los militares aparecen como unos bastardos despiadados, que no dudan en utilizar cualquier medio a su alcance para alcanzar sus fines. Desde la muerte de niños a tácticas de lavado de cerebro dignas del Tercer Reich. Siempre eché en falta, quizá, un adecuado castigo a los responsables de la Escuela, pero no es que queden muy bien…
  • En última instancia, nosotros somos los malos. Sí, los insectores atacaron primero, pero podría interpretarse más como un problema de comunicación. Quién monta una guerra preventiva “a la Bush” es la Flota Internacional terrestre. Y no una guerra cualquiera, sino una guerra de exterminación total, sin que haya ningún intento de acercamiento….

Como he dicho, hay espacio para muchas interpretaciones, incluso para los (creo) exageradísimos parelelismos que Radford traza entre Ender Wiggin y Adolf Hitler en el artículo que he enlazado antes…No voy a entrar en  un análisis mucho más sesudo ahora: hay cientos de blogs, comentrarios y artículos diseminados por Internet y no sé si puedo aportar mucho más… Tan solo constatar que, alrededor de la obra de Card es posible mantener debates intensos tanto literarios como ideológicos.

¿Pasará lo mismo con la película?

Bueno, la película es una versión muy edulcorada de la historia. Sigue bastante fielmente el primer tercio del libro, ignora toda su parte central (la enfocada en los juegos de la Sala de Batalla) y simplifica la final (la Escuela de Alto Mando y sobre todo el Epílogo, que es la preparación de “La voz de los muertos”). Se ignora la subtrama de los hermanos Wiggin, con lo que me gusta… Las muertes se convierten en heridas. Los niños en adolescentes. Enemigos como Bernard en amigos. Se sugiere un casi romance con Petra. No se transmite desesperación (puede que el nefasto doblaje al español tenga algo que ver) y Ender muestra empatía, no distancia.

El resultado: la Escuela de Batalla viene a ser un Hogwarts en el espacio.Los militares son duros, pero hacen lo que deben. No hay que estar loco para ser un buen estratega: basta con dedicarle tiempo a los videojuegos. Es verdad que una raza es exterminada, pero la reacción de Ender es poco creíble, solo justificable porque está en el libro y para preparar una hipotética segunda parte (según Variety, aún no está claro que se vaya a hacer; hay rumores sobre un “spin-off” y/o una serie de televisión centrada en la Escuela de Battalla).

Pero el quid de la cuestión es que todo esto no tiene la menor importancia: “El juego de Ender”, la película es, simplemente, “una de aventuras en el espacio”, entretenida, sin mayor trascendencia: un gato con los pies justos y contados…

Nadie niega el crédito de hacer una película “entretenida”, pero yo esperaba algo mas… El libro se merecía algo más.