Connie Willis, el Blitz y la ciencia ficción

Este verano agoté una de esas cadenas de libros que cualquier lector compulsivo tiene y me planteé qué leer a continuación. Me di cuenta que hacía mucho que no leía ciencia-ficción “contemporánea”. Y tras una breve búsqueda, llegué a Connie Willis, una autora que últimamente parece copar buena parte de los premios del género. Así que dicho y hecho, me hice con su más reciente y laureada obra: Blackout / All Clear. Poco me imaginaba que en lugar de llegar más allá de Orión, acabaría agazapado en un refugio londinense en pleno “Blitz”…

Blackout” (“El Apagón“, en traducción española) es la primera parte de una novela publicada en dos mitades, que se cierra en “All Clear” (“Todo despejado”, podríamos traducir). En castellano solo está disponible la primera parte; y debe quedar claro de que estamos ante una novela única, que si se presenta en dos volúmenes es por motivos puramente editoriales (es decir: si puedes cobrar dos veces por algo, ¿por qué hacerlo solo una?).
“Blackout” se corta de forma completamente arbitraria cuando lleva más de 600 páginas y cualquier lector quedará totalmente frustrado si se queda ahí… Por suerte, yo disponía de ambas en inglés (en eBook, claro) y por eso la trato en esta reseña como una obra única. Si NO has leído la segunda parte, puedes enterarte de más cosas de las que es conveniente, aunque procuraré  evitar al máximo cualquier tipo de “spoiler”…

30 años viajando en el Tiempo

En 1983, Connie Willis recibió el primero de sus diez Hugos (de momento) por “Fire Watch” (“Servicio de vigilancia”; el acceso lleva al texto inglés, que está liberado), una novela corta en la que se narran las aventuras de un historiador viajero en el tiempo que forma parte de la vigilancia anti-incendios de la Catedral de San Pablo durante la II Guerra Mundial. Casi una década después, Willis desarrolló esta idea de poner al alcance de los historiadores la posibilidad del viaje en el tiempo. Recibió el Hugo, Nebula y Locus por “El libro del día del Juicio Final” (Doomsday Book), considerada por muchos su obra cumbre, en la que el protagonista viaja a los tiempos de la Peste Negra. Esta obra marca el auténtico inicio de la “Saga de Oxford” (ya que desde esa Universidad se centraliza el viaje del tiempo).

En 1998, Willis revisita el universo de Oxford, está vez en tono decididamente cómico en “Por no mencionar al perro”, que también obtuvo el Hugo y el Locus. No es de extrañar que todo el mundillo esperará ansioso una nueva novela de historiadores a través de las eras. Esa es “Blackout / All Clear”, editadas en 2010 y 2011 y que obtuvieron (como obra única), Hugo, Nébula y Locus.

La premisa de este universo es relativamente simple. En un futuro cercano (en torno a 2050), se ha conseguido dominar el viaje en el tiempo. Este se utiliza, básicamente, como herramienta de investigación histórica, coordinada desde la Universidad de Oxford, en Gran Bretaña y dirigida por el Profesor James Dunworthy (el único personaje que aparece en todas las novelas). Los historiadores viajan mediante un mecanismo llamado la Red (“The Net”), que realiza “lanzamientos” (“drops”; no me gusta demasiado la traducción), que son portales a ubicaciones y tiempos determinados.

El viaje en el tiempo respeta varias reglas sencillas, que dan consistencia a las historias y que recuerdan algo a las leyes de la robótica, aunque carezcan de una descripción formal:

  • Los lanzamientos no pueden ser vistos por los “contemporáneos”. Si hay riesgo de ser visto, el lanzamiento no se abrirá.
  • Un historiador no puede visitar dos veces un mismo tiempo. Si tal hecho se da, el historiador (la segunda versión del mismo, se entiende) muere.
  • Los historiadores regresan al tiempo mediante un lanzamiento, que solo pueden ser  abiertos desde Oxford a intervalos y en ubicaciones pre-acordados.
  • Finalmente, la premisa más importante: los historiadores no pueden alterar la historia. Si existe alguna probabilidad de hacerlo, el “continuum” producirá un “deslizamiento” (“slippage”) de los portales, que impide que los historiadores accedan a determinados momentos / lugares críticos para la historia

La teoría decía que se trataba del propio mecanismo de seguridad e interrupción de la red, la forma que tenía el Tiempo de protegerse a sí mismo de las paradojas del continuum. El salto hacia delante en el tiempo se suponía que impedía colisiones, encuentros o acciones que pudieran afectar a la historia, deslizando al historiador más allá del momento crucial en que pudiera matar a Hitler (…)“, se explica en “El libro del día del juicio final”.

Apagón

La novela comienza con varios historiadores de Oxford planificando sus visitas a la Gran Bretaña de la II Guerra Mundial. Tras un retraso de última hora en su visita a Pearl Harbour, Michael Davies se prepara para ir a Dover en Mayo de 1940, para asistir a la llegada de los rescatados de Dunkerque. Para ello, se convierte en Mike Davis, un periodista norteamericano… El deslizamiento provoca que acabe en un aislado pueblecito costero, desde donde deberá  apañárselas para llegar a tiempo a su detino…

Por su parte, Polly Churchill quiere asistir al inicio del Blitz, en septiembre de 1940, figurando como una dependienta de las exclusivas tiendas de Londres bajo el nombre de Polly Sebastian. En Oxford, sufre el galanteo del joven Colin Templer, decididamente enamorado de ella pese a la diferencia de edad: de hecho, planea utilizar las paradojas del salto en el tiempo para alcanzarla y poderla cortejar debidamente. Entretanto, el lanzamiento de Polly la deposita en plena noche de bombardeo, de modo acaba en un refugio improvisado con un típico grupo de londinenses de la época, que incluye a Sir Godfrey Kingsman, un conocido actor shakespeariano…

Finalmente, Merope Ward es la única que ya lleva algún tiempo desplazada en 1939. Actúa como Eileen O’Reilly, una sirvienta en una casa nobiliaria campestre, que acoge niños desplazados del bombardeado Londres.  Entre ellos hay dos, los terribles Alf y Binnie Hodbin, que no dejan de meterse en problemas y que aparecerán recurrentemente en su camino…

En los primeros compases del libro, se deja entrever que algún tipo de problema está afectando a la Red, ya que los lanzamientos programados se están reorganizando, para desespero de los historiadores.

De forma más o menos simultánea y accidental, los tres protagonistas se ven involucrados en sendos incidentes que les hacen temer que podrían haber  alterado el curso de los acontecimientos. Las cosas empeoran cuando ninguno de sus lanzamientos se abre. Comienza entonces una desesperada carrera por encontrarse entre ellos y descubrir una manera para salir de la Segunda Guerra Mundial, con el enorme temor de haber cambiado la historia y haber provocado la victoria de la Alemania nazi…

En esta carrera contra el tiempo (nunca mejor dicho), contarán con la ayuda en la distancia de los técnicos de Oxford, y en especial del Profesor Dunworthy y de Colin Templer, quienes investigarán a fondo la época para localizar a los “náufragos temporales” y que  finalmente viajarán al pasado para intentar rescatarlos.

Inglaterra en llamas

El Blitz (“relampago” en alemán) es como se conoce la mezquina campaña de bombardeos sobre la población civil que mantuvo el régimen nazi entre septiembre de 1940 y mayo de 1941.  La autora la convierte en telón de fondo de la novela, aunque el tema va tomando protagonismo, hasta que buena parte de la trama y los personajes pasan a girar alrededor de este hecho histórico.

En todo caso y aprovechando con mucha maestría la “magia” del salto temporal, Willis nos transporta a  los principales escenarios de la retaguardia británica durante la Guerra Mundial: desde la condición de los niños desplazados a la campiña británica para su salvaguarda, hasta el “VE Day”, el día de la Victoria en Europa (el 8 de mayo de 1945), pasando por el importante papel jugado por los propietarios de barcos en el rescate de Dunkerque, los decodificadores de Ultra, la campaña de desinformación conocida como “Operación Fortaleza” o el régimen de terror causado por  las temibles V1 y V2.

Sin embargo, todo termina volviendo a esos meses del Blitz y a los refugios durante los bombardeos. La maestría con la que la autora nos relata el sufrimiento causado y la valentía de los londinenses conviviendo con la posibilidad de la muerte de forma cotidiana, es, sin duda, lo mejor de la novela. El tema se lleva a su punto álgido en el relato que Willis realiza de los bombardeos del 29 de diciembre de 1940,  de los peores de la guerra y recordado como el “Segundo Incendio de Londres”. Esa noche, los protagonistas pugnan por alcanzar la Catedral de San Pablo, cuya imagen triunfante encima de las llamas se convirtió en el icono de la resistencia británica. En ella se encuentra una posibilidad de rescate y para alcanzarla, deben enfrentarse a una ciudad dantesca, un paisaje solo asimilable a la peor de las pesadillas.

Catedral de San Pablo
San Pablo sobrevive a los bombardeos del 29 de diciembre. Foto de Herber Manson.

La ciencia-ficción

Como hemos comentado, Blackout / All Clear revisita muchos de los temas tratados en la novela corta “Firewatch“, incluyendo algún personaje. Es posible imaginar a la autora realizando un titánico esfuerzo de documentación de años para armar la novela definitiva sobre el periodo del Blitz y la Catedral de San Pablo, temas ambos que la fascinan.

Y lo cierto es que en ese empeño tiene un éxito decidido: crea un relato coral de tiempos, lugares y personas cuyo sufrimiento y sencilla valentía te llega profundamente. Reconozco haber buscado en el mapa los lugares que se describen de forma extremadamente vívida para poder imaginarlos mejor. Willis es una magnífica narradora costumbrista y crea retratos de gran fuerza e interés a partir de situaciones aparentemente cotidianas e intrascendentes.

También es una eficaz creadora de comedia, aunque en esta obra apenas encontramos pinceladas de un humor que caracteriza el resto de su producción. La obra tiene abundantes referencias literarias a Shakespeare, James Barrie (creador de Peter Pan), Oscar Wilde y…. Agatha Christie (de hecho, sale en la novela). En ocasiones, resulta un poco excesivo tanta referencia “culta”, como intentando compensar algo…

Porque donde falla estrepitosamente la obra es en todo lo referido a la ciencia-ficción. De hecho, me sorprende profundamente que haya recibido los mayores galardones del género (y me temo que no soy el único)…

Los viajeros de Oxford actúan durante grandes partes de la obra como un mero “McGuffin”, una excusa para mostrar las vivencias del sufrido pueblo británico. Ni siquiera alcanzan a desarrollar una gran personalidad , como sería de esperar tras casi de mil doscientas páginas: son caracteres muy planos, arquetipos casi. Muchos de los secundarios son más intensos. Por ejemplo, la novela utiliza mucho el monólogo interior y en ocasiones resulta difícil distinguir quién está hablando (pensando), Polly o Eileen.

El argumento (es decir, la premisa fantástica por la cual los historiadores están atrapados en el pasado) es flojo, aunque no abundo en el mismo para evitar destriparlo a los potenciales lectores. Además, cualquiera que haya visto “Regreso al futuro” entiende mucho mejor los principios del viaje en el tiempo que los protagonistas, que se asombran de coincidir en el tiempo pasado con historiadores que han realizado dicho viaje años atrás en su propia línea temporal.

Personalmente, me resulta desesperante que los “retos” a los que se enfrentan los aguerridos viajeros temporales sean tan absolutamente nimios como recordar el nombre de un aeródromo, conseguir una falda o disponer de un mapa de Londres. O que sean tan incompetentes como historiadores. O que entre los obstáculos para llegar a sus objetivos estén acomodadores de teatro, chicas ligeras de cascos o pequeños rateros… Puede que sea un símbolo de que las cosas pequeñas son las importantes, pero lo cierto es que llega a ser irritante…

El final también es bastante previsible y la novela se hace bastante larga, la verdad. La primera mitad es mejor (quizá porque hay menos ciencia-ficción en ella), aunque en la segunda transcurren los capítulos de la noche del 29 de diciembre, que me encantaron. Desde ahí, hay un descenso importante en la calidad del relato, con situaciones muy repetitivas, intentando cerrar los flecos abiertos, algunos de manera bastante forzada.

En conclusión: Blackout / All Clear es una gran novela para conocer de primera mano cómo vivió la Segunda Guerra Mundial la población británica, lastrada por un muy mediocre argumento de ciencia-ficción. Tengo la impresión que sin los elementos fantásticos, la novela podría haber alcanzado una notable repercusión entre lectores del “main stream“.

Por lo menos, me he quedado con ganas de leer “El libro del día del Juicio Final”, aunque también creo que dejaré pasar algún tiempo antes de retomar a Mrs.Willis…

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Publicado por

Use Arias

Tecnófilo, cienciaficcionero, comicloco... Vas pillando la idea...

Un comentario sobre “Connie Willis, el Blitz y la ciencia ficción”

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