El temor de un hombre sabio, por fin

“El temor de un hombre sabio” es un libro largo. Esto no debería suponer ningún problema para cualquier aficionado a la literatura fantástica en estos tiempos de macrosagas, heptalogías y volumenes de al menos 1.000 páginas. No, en absoluto.  El problema es que, además, se me ha hecho realmente largo…

***** Spoilers  ahead *****

Ya no leo tanto como antes. En parte, porque no tengo tiempo, en parte porque tengo otras cosas que me ocupan el tiempo que antes utilizaba para leer, como escribir este blog. Por eso soy más exigente seleccionando mis lecturas y si me equivoco, abandono el libro, cosa que antes no solia hacer. Esto no es lo que me ha pasado con “El temor de un hombre sabio”: quería acabarlo porque realmente me estaba gustando. Pero lo cierto es que se me ha hecho largo en ciertas partes.

Es posible que esto se deba a que he leído los dos primeros días de la narración de Kvothe de forma casi seguida, pero hice lo mismo con los cuatro primeros volúmenes de “Canción de Hielo y Fuego” y no tuve esta sensación… Creo que el problema proviene más de que aunque me encantan la mayoría de las “piezas” que conforman el relato, me da la impresión de que la estructura general de la narración no está tan conseguida como es de desear.

Creo que Rothfuss tiene grandes ideas: me encantan el complejo sistema de magia que ha inventado, el protocolo de los anillos  en Vintas, la religión thelina, las historias que rodean a los caldereros o el lenguaje y la cultura Adem… También creo que es un gran narrador, que sabe como atraparte en sus historias dentro de historias dentro de historias… Evidentemente. Como he comentado, si no lo fuera, no habría terminado la novela.

Sin embargo, hay episodios en el libro que resultan espectacularmente largos y lentos: en especial, el episodio de Felurian, bastante prescindible (no estoy seguro que convertirse en un as en las técnicas amatorias sea esencial para el personaje). El de la estancia con los Adem también se hace pesado. Ambas son disgresiones muy “laterales”, que no hacen avanzar la historia principal, aunque sean importantes para definir (o justificar) el personaje. Las hubiera preferido más compactas, a cambio de un mayor detalle en el juicio de Kvothe o el ajetreado viaje hasta Vintas, despachado en una página.

Los Cuatro Rincones de la Civilización
Otra de las cosas que no me convence es la geografía del mundo de Kvothe, excesivamente onírica para mi gusto: quiero más mapas.

En cambio, me gustan mucho los cuentos intercalados como la narración del robo de la luna, en la mejor tradición de “Las Mil y Una Noches”. El oscuro episodio con la troupe, al final del libro, me pilló por completo por sorpresa. La relación con el Maer me pareció magnífica (también encuentro resonancias de relatos en los palacios de Bagdag). Conocer al grupo de mercenarios en su búsqueda por el borde del mapa fue estupendo. Y no me canso de la Universidad, aunque solo en la primera parte del libro: el regreso del final es totalmente anticlimático y se arrastra con enorme lentitud durante un número excesivo de páginas…

Las motivaciones de Kvothe, lo que le hace saltar de una pieza a la siguiente en la historia, son un punto débil. Muy “naif”. Quizá sea necesario leer la obra con ojos más inocentes que los míos. Por ejemplo, no me interesa nada la historia de Denna.  El juego de “ahora estoy, ahora me voy”, la tensión sexual no resuelta o la tontería general de la relación me exasperan bastante., aunque podría ser justificable en las aventuras de un mozalbete de 16 años.

Y así llegamos al núcleo de mi problema con el libro: la conversión de Kvothe en un super-héroe al que todo le sale bien, con una impresionante capacidad de aprendizaje y que es capaz, en el lapso de un año, de hacer suficientes cosas como para llenar la vida de cualquier otro.

Me temo que nuestro amigo Patrick está en un dilema del que no sabe salir: no quiere hacer crecer al personaje, hacerle superar esos poco verosímiles 16 años, pero como se van acumulando las experiencias, Kvothe cada vez resulta menos creíble. Ya no estamos ante un chaval aprendiendo y madurando, sino ante un mago – guerrero de considerable poder, con recursos, una capa mágica y además, irresistible para las mujeres.

Prefería claramente el tono dickensiano de la etapa de Tarbean y sus muy mundanas dificultades para pagar la matrícula de cada bimestre. Nos queda la esperanza de que la debilidad de Kvothe que se pone de manifiesto en los episodios finales del libro sea el contrapunto que necesita Patrick para hacer superar a su personaje el “síndrome de Táborlin” y devolverle al mundo terrenal (en el mejor sentido del término, que esto es una novela de fantasía…).

Me temo que a Rothfuss no le va a resultar suficiente otro libro y se va a buscar alguna argucia para extender la historia, lo que seguramente todos sus fans agradeceran. ¿No os parece que , en la escena de los dos soldados que entran en la posada, hacia el final, se recuerda claramente que Kvothe NO es un maduro ex-héroe, crespuscular, cansado y al final de su carrera, como destila las escenas del presente? Seguramente,  finalizada su narración a Cronista, todavía le quedará cuerda para retomar sus aventuras…

En resumen: no es el mejor libro de fantasía que he leído (a mi parecer, está muy por debajo de la obra de Martin, con la que tanto se le compara), pero es realmente divertido de leer, aunque requiera de cierta perseverancia por momentos. Y desde luego, espero con impaciencia la tercera parte, aunque sea solo para ver como consigue el autor llevarnos a leer una cuarta, una quinta…

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Publicado por

Use Arias

Tecnófilo, cienciaficcionero, comicloco... Vas pillando la idea...

2 comentarios sobre “El temor de un hombre sabio, por fin”

  1. Totalmente de acuerdo, esperaba otra canción de hielo y fuego y ha resultado otro harry plotter. Aunque cuando salga el tercero lo leere encantado.

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